DESCENTRALIZACIÓN Y PARTICIPACIÓN CIUDADANA EN LA VENEZUELA DEL SIGLO XXI.

                                                                                             Haydeé Bravo     

         Instituto Universitario Politécnico “Santiago Mariño” (IUPSM) 

ORCID ID: 009-0001-52785976

Coordinación.investigaciondpd@gmail.com

PARTE II

Al final de la Parte I de este artículo, se exponen las razones por las cuales la autora del mismo decidió realizar la investigación sobre “Descentralización y Participación Ciudadana en la Venezuela del Siglo XXI”.  Ahora, en esta Parte II se incorporan aspectos de la metodología utilizada para obtener los resultados, se aportan estos últimos, y se formulan conclusiones.

En cuanto al aspecto metodológico, epistemológica y teóricamente la investigación se fundamentó en estudiosos de la teoría de acción humana (Argyris, 1999; Senge, 2000; Habermas, 2003) que plantea una perspectiva crítica e interpretativa sustentada en la comunicación y el aprendizaje organizacional como pilares básicos para construir una sociedad justa y libre. El escenario en estudio estuvo constituido por actores sociales de las Alcaldías y Consejos Comunales de los municipios: Libertador, ubicado en el Distrito Capital; Hatillo, Baruta y Plaza localizados en el estado Miranda; y Caroní en el estado Bolívar.  Metodológicamente se utilizaron tres fases complementarias: documental, narrativa-interpretativa y constructiva.

Para ello se realizó el correspondiente análisis documental, se efectuaron observaciones, y se utilizaron grupos focales que aportaron información que se contrastó mediante la escalera de inferencia como instrumento heurístico. La investigación es cualitativa y su estrategia de referencia interpretativa se focalizó en la visión que al respecto aporta la Teoría Fundamentada, la cual permitió construir cinco categorías: formación de calidad, poder político, cogestión administrativa, convivencia pacífica y servicios públicos de calidad.

En cuanto a la primera categoría:  Formación de calidad, se constató que la misma está vinculada a la subcategoría comunicación y sensibilidad humana. En el primer aspecto, comunicación, se plantea que en los servidores públicos y de la nación en general tal tipo de formación es posible lograrla mediante el uso oportuno de tecnologías de la información y comunicación (TIC), con la realización de cursos y talleres (presenciales u on line). En particular, el desconocimiento de qué es el Consejo Local de Planificación Pública por parte de quiénes son las autoridades de la institución para la cual trabajan, del organigrama, de la relevancia de las mesas de diálogo y de la descripción de cargos, constituyen elementos que representan una vulnerabilidad para el desarrollo de los procesos de descentralización y participación, en consecuencia, para la formulación de políticas públicas.  En el segundo caso, sensibilidad humana, se genera la percepción de estímulos internos y externos, propiciadores de acciones de los ciudadanos y ciudadanas ante circunstancias que obstaculizan o limitan su participación en beneficio de la comunidad.

Respecto a la categoría Poder político, se relaciona con las subcategorías bien común y respeto a los derechos humanos, por lo siguiente: a)  para el logro del bien común se requiere que se ejerza el poder político del Estado desde el punto de vista moral, cuya obligación debe ser el beneficio de la sociedad a través del respeto a los valores sociales,  b) el respeto a los derechos humanos (DDHH) implica compromisos humanitarios y para ello se necesita de capacidades y libertades, mediante el compromiso ético de la sociedad, en busca de satisfacción de necesidades, lo que conlleva a dar respuestas a realidades de injusticia, discriminación y exclusión.

Por su parte la Cogestión administrativa se vincula a las subcategorías poder popular e interacción entre ciudadanos y administración, siendo esta categoría esencial porque tal tipo de cogestión requiere del poder popular para ejercer el control social de las políticas públicas, lo que genera bienestar en la población. Y para que se produzca la interacción entre ciudadanos y la administración, es primordial la cogestión basada en el principio de corresponsabilidad, razón por la cual se requiere de la comunicación efectiva y de la difusión y acceso a la información.

En relación a la Convivencia pacífica, la misma se conecta con las subcategorías tolerancia y saber escuchar. La tolerancia genera aceptación de ideas, pensamientos y comportamientos, cuya responsabilidad compartida deriva en convivencia ciudadana, aspecto este último esencial para la participación en asuntos públicos. A su vez, el saber escuchar implica convivencia pacífica, porque permite la atención de necesidades, genera solidaridad y propicia confianza y credibilidad.

Y sobre los Servicios públicos de calidad, se vinculan a las subcategorías desarrollo local y poder popular. Significa que con la existencia de servicios públicos de calidad se genera el desarrollo local, subcategoría a través de la cual se propicia la inclusión social, entre otros aspectos, mediante la satisfacción de necesidades prioritarias como el agua, los alimentos, la electricidad, el gas, la internet, fundamentalmente para fomentar el desarrollo económico y social; lo que contribuye a la erradicación de la pobreza. Por su parte, el poder popular es clave para lograr el fomento y fortalecimiento de la participación ciudadana en tanto elemento central para la transformación de la realidad venezolana, principalmente porque su finalidad es garantizar la vida y el bienestar social del pueblo. En la medida que el Estado cuente con mayor disponibilidad de recursos asignados para satisfacer servicios públicos de calidad, existirán más posibilidades de bienestar y satisfacción del bien común.

En la investigación se plantea que, acorde a lo establecido en la Constitución Nacional de la República Bolivariana de Venezuela (1999 vigente), la descentralización ha sido creada como política pública para abrir espacios donde lo que se espera es que la sociedad y el gobierno del Estado establezcan relaciones abiertas y tomen decisiones conjuntas en procura de un objetivo común: la conformación de un Estado Federal descentralizado. Sin embargo, respuestas obtenidas de los entrevistados ponen de manifiesto que la apertura de esos espacios se ve restringida, en parte, porque la comunicación tanto en Alcaldías y Consejos Comunales es poca. Tal característica desfavorece el aunar esfuerzos para llegar a entendimientos y acuerdos propiciatorios del desarrollo de políticas públicas, con la previa identificación de necesidades; impide el establecimiento de relaciones “abiertas” para la toma de decisiones en pro del bien común, porque se desconoce quiénes son las autoridades designadas para ello y no se delegan responsabilidades. Evidencia de las situaciones planteada constituyen las opiniones recabadas durante las entrevistas realizadas a trabajadores de organismos como los mencionados, quienes expresan: “No tengo idea, ni siquiera conocemos quién es el concejal nuestro, a ese nunca se le ha visto la cara, ni ha mandado a nadie para que dé la cara por él. Sé que los concejales electos por los circuitos deben garantizar el bienestar de sus comunidades y para nada cumplen con eso.”(entrevista, a DV, Alcaldía de Caroní, Edo. Bolívar, 12/08/2021), “ignoro en qué condiciones se encuentran los planes sociales, especiales y sus respectivas ordenanzas” (entrevista a M. E. M. jefe de comunidad, Consejo Comunal, municipio el Hatillo, sector Gavilán, estado Miranda). En este sentido, cabe destacar que la Teoría de Acción de Chris Argyris plantea que el aprendizaje se da cuando detectamos un error. Para este autor, el error es cualquier discordancia entre lo que esperamos y lo que ocurre. También lo define como la discordancia entre las intenciones y los resultados.      

No obstante, el resultado o lo que ocurre en Venezuela, es una marcada tendencia hacia la centralización; y las discordancias observadas aluden: a) debilidad en la capacidad de gestión del Estado para propiciar la participación ciudadana y la formulación de políticas públicas, b) hay muy poca participación ciudadana, por cuanto en un período de crisis e inestabilidad de las instituciones, es complicada la generación e implementación de políticas públicas con regularidad, d) la cultura de la administración pública se caracteriza por llevar una agenda limitada en relación a políticas vinculadas con el crecimiento económico, a través de los ingresos petroleros, y se ha apostado muy poco por la atención de problemas estructurales como la pobreza, la desigualdad y la inseguridad, e) el manejo de hábitos defensivos mediante amenazas en discursos y acciones orientadas a fortalecer la visión centralista del ejercicio del poder, aunque ésta se manifieste como una descentralización desconcentrada relacionando los procesos de planificación, desarrollo y participación ciudadana, con una propuesta de desconcentración y una nueva institucionalidad informal; evidenciada en las misiones y en la creación de las REDI (Región de Defensa Integral) y en una expresión de poder popular tutelado desde el Poder Ejecutivo Nacional, cuya forma organizativa está representada en los Consejos Comunales. Esta propuesta centralista se formula bajo la modalidad de disposiciones constitucionales, favorables a la descentralización, y leyes reformadas o pendientes de aprobación, para el fortalecimiento del modelo democrático y la opción de una descentralización cooperativa, esta última aun no desarrollada.  

     Participar es una obligación ciudadana. Sin embargo, se considera que estamos en presencia de un desconocimiento del poder popular que otorga la Constitución Nacional al órgano legislativo, sobre el gobierno y la administración pública para el establecimiento de una sociedad democrática, participativa, protagónica, multiétnica y pluricultural en un Estado de justicia, federal y descentralizado.

     En este contexto es pertinente acotar que, para la construcción de una nueva dinámica de la gestión pública, producto de los preceptos constitucionales de 1999, la información, la capacitación y la participación ciudadana, constituyen tres ejes impulsores de los procesos de transformación política, económica y social del país. Los dos primeros sirven de base para activar el tercero, en tanto facilitan la intervención del ciudadano en la formulación, control y evaluación de políticas públicas, y así poder crear las condiciones necesarias para un verdadero ejercicio democrático.  En efecto, se deduce que los incentivos para abrir canales de participación ciudadana, que involucren efectivamente a la sociedad civil en la toma de decisiones, han sido débiles, de baja intensidad y no vinculantes u obligatorios, a pesar de que la misma en Venezuela constituye un postulado constitucional, el cual deberá ser incorporado en la gestión de los diferentes niveles de gobierno de la administración pública, lo que permitiría a las organizaciones sociales, convertirse en actores fundamentales de un proyecto de sociedad, en el que prevalezca la equidad y justicia social. De hecho, las opiniones emitidas por los 161 participantes en la investigación, permitieron identificar la existencia de una marcada separación entre la planificación institucional y la planificación comunitaria.

     Venezuela requiere que sus ciudadanos tengan actitud, motivación y compromiso para llevar a cabo la participación solidaria, en pro de una conciencia de cambio. Es prioridad, que el Estado Federal esté basado en la negociación permanente entre la nación, los estados o entidades federales y entre éstos con los municipios, así como con los diversos sectores políticos, económicos y sociales. Sin duda, el país necesita del esfuerzo, del aporte y de una toma de conciencia generalizada por parte de las autoridades gubernamentales y de la sociedad civil en general. Una cosa es el deber ser y otra muy distinta lo que en realidad ocurre, porque al revisar cómo se están dando las prácticas de gestión en la administración pública del Estado, tomando una pequeña muestra de lo que sucede en las alcaldías y Consejos Comunales, se evidencia “apatía”, “desmotivación” y “desidia”.

Una buena administración es la que informa, escucha y responde; la que actúa de manera transparente, impulsa la participación de los ciudadanos, gestiona con rigor y asume plenamente sus responsabilidades. Sin embargo, al considerar los testimonios emitidos por funcionarios que trabajan y trabajaron en Alcaldías, los de personas que trabajan y trabajaron en Consejos Comunales, y diversas opiniones registradas en investigaciones previas a ésta, se evidencia que existe debilidad en la capacidad de gestión de la administración pública del Estado venezolano.

Saber comunicar con eficacia significa poder llegar a las personas, conectarse con ellas.

La comunicación es una actitud de apertura hacia el otro que implica disponibilidad para compartir, es decir, para dar y recibir. Durante la ruta investigativa se apreció que la poca difusión de información e invitaciones dirigidas a las comunidades por parte de alcaldías y Consejos Comunales, para participar en beneficio del bien común es un factor que debilita no solo la capacidad del Estado, sino que va en detrimento de la formulación de políticas públicas, porque restringe la participación ciudadana. El hecho, de que los ciudadanos y ciudadanas califiquen la comunicación de estos organismos como “mala”, es un indicador que permite considerar como deficiente las prácticas de gestión administrativa utilizadas y, por ende, las de la administración pública como tal.

Por otra parte, la obtención de indicios referentes a aspectos de interés para la gestión administrativa en Alcaldías y Consejos Comunales, como: estructura organizativa, descripción de cargos, organización de procesos y mesas de diálogo, es muestra fehaciente de que quienes en tales entidades se desempeñan carecen de suficiente formación básica a propósito de responder oportunamente a las demandas de la comunidad, así como a las exigencias del compromiso laboral adquirido con éstas.

La falta de recursos, el deterioro de los servicios básicos, el auge del desempleo y la mendicidad, los bajos ingresos y, en general, la insatisfacción de necesidades básicas de la sociedad venezolana, son también aspectos incidentes en la problemática que se viene exponiendo. Sin duda, estos indicadores ponen en evidencian, el deterioro de la calidad de vida y la demanda de acciones por parte de la sociedad ante la insatisfacción de necesidades.

Reconocer el derecho a la buena administración, más allá de los efectos jurídicos, es también un cambio de perspectiva en la forma de abordar las relaciones entre la administración pública y los ciudadanos. Esto significa que el enfoque de prioridades ya no debe ser principalmente cómo actúa la Administración Pública, sino si se respetan o no los derechos de las personas. En la Venezuela del siglo XXI hablar de una buena gestión administrativa, y referirnos específicamente a la administración pública del Estado, es un factor que debe considerarse vinculado directa e indirectamente a la dinámica de dirección utilizada para la ejecución de los planes de la nación.

Durante la ejecución de la investigación llevada a cabo por la autora del presente artículo, se evidenció que la urgencia de la gestión administrativa se encuentra en la necesidad de generar cambios en la estrategia para llevar a cabo la forma de dirigir; por cuanto una cosa es lo que se planifica o establece en la Constitución y demás leyes de la República; y otra muy distinta es la que se da en la práctica. De hecho, las competencias y servicios que deben recibir los funcionarios públicos por parte del Estado venezolano para dar respuesta a las demandas de las comunidades, también se han visto obstaculizadas principalmente por la falta de recursos.

Respecto a esto último, en la investigación se puso de manifiesto que la administración del Estado requiere, para el logro de sus objetivos y metas, del manejo de específicos recursos. De ahí que mientras mayor sea el interés y la disponibilidad de recursos para mejorar y mantener la calidad de los servicios públicos, será posible satisfacer las necesidades de la población, y existirán más posibilidades, alternativas, u opiniones para generar bienestar y satisfacer el bien común.

Bajo esta mirada se concluyó que la descentralización se da realmente cuando se cede poder y el poder incluye autonomía, entre ésta, autonomía financiera y la participación ciudadana en acción. No sólo en la teoría explicita del Estado venezolano, sino también en instancias regionales.

En la medida en que las autoridades gubernamentales competentes sumen esfuerzos con la sociedad para atender los problemas que afectan al país, desde todos sus ámbitos de poder (económico, político, social, cultural, ambiental, militar e internacional), se irán fomentando y canalizando ideas que promuevan la formulación de políticas públicas. En particular, la descentralización debe ser valorada como un proceso que permite garantizar las obligaciones del Estado con el bien público y los derechos de la población, mediante el acceso estable y sostenido de los ciudadanos a bienes y servicios provistos por los gobiernos estadales y municipales, y la apertura de espacios de poder para que puedan intervenir en decisiones públicas que respondan a sus necesidades y demandas. Obviamente, se debe tener muy claro que para ello se requiere de eficiencia administrativa y económica, ante la asignación de recursos, los cuales son escasos en la Venezuela actual. Por lo demás, el país adolece de un marco legislativo que regule la transparencia y el acceso a la información pública. Se desconoce cómo el gobierno central lleva a cabo la transferencia de capitales y bajo qué esquema o patrón se guía para realizar los movimientos monetarios. En este sentido, las implicaciones para la participación ciudadana en la gestión administrativa y el proceso de descentralización del Estado venezolano, de acuerdo a los resultados de la investigación, son las expuestas a continuación:

a) Prestar suma atención a los detalles de implementación y aspectos de diseño institucional, a los fines de identificar las condiciones en las cuales se encuentran desempeñando funciones quienes trabajan en Alcaldías y en Consejos Comunales, para pretender que realmente puedan contribuir al beneficio de las comunidades, y coadyuvar al logro de una mejor asignación del gasto público y una mayor rendición de cuentas por parte de las autoridades nacionales y subnacionales.

b) Debe existir una definición clara de las responsabilidades del gasto a nivel de gobierno, con el objeto de procurar el que se puedan asignar las funciones en el ámbito gubernamental más descentralizado, con capacidad para cumplirlas.

c) Es prioridad fundamental que a cada uno de los gobiernos subnacionales le sean asignados recursos propios para que puedan asumir las responsabilidades adquiridas con los ciudadanos y ciudadanas, a los fines de poder atender de manera oportuna las demandas a necesidades que se susciten.

d) Procurar la coordinación de sistemas de transferencias que cubran el costo de provisión de los servicios asignados, y compensen a los gobiernos subnacionales menos desarrollados.

e) Urge la implementación efectiva de un marco de responsabilidad fiscal, con un compromiso creíble en cuanto a que los gobiernos subnacionales o locales fiscalmente irresponsables no serán rescatados financieramente por niveles superiores de gobierno.

f) Debe procurarse el desarrollo de las capacidades de gestión en cada uno de los ámbitos del poder público nacional, acordes con sus responsabilidades.

g) Es primordial el establecimiento de mecanismos que faciliten la transparencia y rendición de cuentas a nivel local o subnacional, tales como los programas de auditorías independientes que buscan reducir la incidencia de la corrupción en la utilización de las transferencias intergubernamentales.

Adicional a cada una de estas exigencias se sugiere considerar la implementación del uso de la fórmula DAO, ideada por la autora de la investigación, como estrategia base, en relación con el proceso de interacción entre la administración pública del Estado y la ciudadanía, en pro de una gestión administrativa con miras a propiciar la participación ciudadana e igualmente contribuir a generar, fortalecer y mantener el desarrollo de políticas públicas. Dicha fórmula significa Disciplina y Aprendizaje Organizacional, igual (=) a autoexigencia, más (+) comunicación, más (+) solidaridad, más (+) trabajo en equipo. Para ello se sugiere la creación de una campaña de concientización generalizada desde la escuela hasta las máximas instancias de la administración pública del Estado, con proyección hacia las organizaciones de índole privado. DAO involucra una estrategia orientada hacia el fortalecimiento de la calidad en la gestión socio productiva venezolana, partiendo de la prioridad que representa el manejo de tres elementos que son claves para el éxito de toda organización pública o privada; ellos son: actitud, motivación y compromiso.

En Venezuela es prioritaria la construcción de un modelo de convivencia pacífica, en donde se respete la igualdad y la solidaridad para cumplir las exigencias que promuevan la integración de los ciudadanos en todos los ámbitos de poder, especialmente en la Administración Pública, ya que a partir de la entrada en vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en 1999, ésta dejó de ser una función de cumplimiento exclusivo de los órganos del Poder Público, admitiendo la posibilidad de participación ciudadana en el ejercicio de la misma.

Referencias

Argyris, C. (1999 a, b). Conocimiento para la acción: Una guía para superar los obstáculos

del cambio en la organización. Barcelona, España: Ediciones Juan Granica.

CLAD. (1998). Una nueva gestión pública para américa latina. Disponible: https://clad.or g/wp-ontent/uploads/2020/07/Una-Nueva-Gestion-Publica-para-America-Latina.pdf. Consulta en línea: [2021, mayo 06]

Constitución Nacional de la República Bolivariana de Venezuela, (1999). Gaceta Oficial N° 36.860, (Extraordinario), diciembre 30, 1999. 

Flores Ruíz, David. (2001) y otros. La economía social en la descentralización de las políticas

sociales: experiencia de los estados del bienestar europeos. Panorama Económico,  25(3), 333–356. Disponible: https://doi.org/10.32997/2463-0470-vol.25-num.3-2017-2080.

Habermas, J. (2003). Teoría de la acción comunicativa. Ciudad de México: Taurus.

Hernández Aja, Agustín. (2001). Informe sobre la evolución de las buenas prácticas españolas y su relación con el cumplimiento del programa hábitat. Disponible: http://habitat.aq.upm.es/evbpes/abpes.html.

Ley Orgánica de Descentralización. Determinación y Transferencia de Competencias del Poder Público. (1989). https://venezuela.justia.com/estatales/miranda/leyes/ley-organica-de-descentralizacion-delimitacion-y-transferencia-decompetencias-del-poder-publico-1989/gdoc/ . Consulta: [2020, marzo14].

Lizbona, Alexandra. (2009). La paradoja de la estabilidad política en Venezuela: un federalismo centralizado. V Congreso Latinoamericano de Ciencia.

Rachadell, Manuel (2006). La centralización del poder en Venezuela. Provincia, (16) 199-282.

Sagasti, F. Iguiñiz, J. y Schudt J. (1999). Equidad, integración social y desarrollo: hacia un nuevo enfoque para la política social en América Latina. (1ra. Ed). Perú: Ediciones Universidad del Pacífico. Centro de investigaciones.

Senge, Peter M. (2000). La quinta disciplina. El arte y la práctica de la organización abierta al aprendizaje. Barcelona: Granica.

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DESCENTRALIZACIÓN Y PARTICIPACIÓN CIUDADANA EN LA VENEZUELA DEL SIGLO XXI.

                                                                                          Haydeé Bravo     

                        Instituto Universitario Politécnico “Santiago Mariño” (IUPSM) 

ORCID ID: 009-0001-52785976

coordinación.investigaciondpd@gmail.com

Parte I

    En la Venezuela del siglo XXI, se requiere construir un modelo de convivencia pacífica en el cual se respete la igualdad y la solidaridad para cumplir las exigencias que promuevan la integración de los ciudadanos en todos los ámbitos de poder, especialmente en la Administración Pública, ya que a partir de la entrada en vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999, dejó de ser una función de cumplimiento exclusivo de los órganos del Poder Público, admitiendo la posibilidad de participación ciudadana en el ejercicio de la misma. Por ello, es obligación del Estado y deber de la sociedad facilitar la generación de condiciones altamente favorables para su puesta en práctica. 

     Básicamente, la participación ocurre cuando las personas poseen los recursos necesarios para realizar acciones colectivas. Es así como quienes poseen altos niveles de ingreso, de status laboral y calificación educacional, son más activos en política y más propensos a la participación en asuntos públicos. Por ende, las sociedades con mayores niveles de desarrollo socioeconómico son las que presentan la más elevada participación. En este sentido, la comunicación es esencial para el desarrollo de políticas públicas, siendo fundamental que todo ciudadano y ciudadana tengan claro, que para poder exigir primero hay que pregonar con el ejemplo. En esa misma medida, cuando se dan respuestas a las necesidades se genera solidaridad, confianza y credibilidad.  

     Parte del compromiso ha sido el hacer aportes que coadyuven al estudio de la participación ciudadana en Venezuela desde la experiencia de la gestión institucional del Estado, en el marco del proceso de descentralización iniciado en el año de 1989, cuando se introdujo un esquema diferente para la administración del Estado venezolano.  El interés es contribuir con la conformación del Estado federal y descentralizado establecido por mandato constitucional, según el cual se hace imprescindible acercar el poder a los ciudadanos.

     Ante las necesidades de las comunidades o regiones del territorio venezolano, es fundamental tener presente que existe un nivel básico de prioridades, comunes a todas las personas como alimentación, techo y vestido, que cada ser humano requiere satisfacer; asimismo, que la satisfacción de las mismas debe ser concebida como el conjunto de derechos exigibles por los ciudadanos al Estado.

    Para la gestión de las políticas públicas, la jerarquía del Estado es indiscutible. Así lo reconoce el Centro Latinoamericano para el Desarrollo (CLAD, 1998), al exponer que el Estado continúa siendo un instrumento fundamental para el desarrollo económico, político y social de cualquier país, de ahí que toda política deriva de la decisión y acción pública, en la cual la actuación de los actores e instituciones involucradas demuestran la articulación entre gobierno, Estado y sociedad.

     De acuerdo con Sagasti y otros (1999), en un análisis sobre la política pública en América Latina, la definen como el conjunto de pronunciamientos, intervenciones y acciones gubernamentales conducentes al bienestar de las personas, las familias y los grupos sociales, caracterizados por:   a) equidad en un nivel de vida mínimo compatible con la dignidad humana, y el pleno desarrollo de las personas, como nuevo enfoque de política social,  b) interacciones entre lo social-político- económico para integrar plenamente a la política social con las otras políticas de desarrollo,  c) diferenciar criterios referentes al nivel de aplicación (nacional, regional, local) y según las características de los sujetos, de las medidas de política (género, edad, etnia, ingresos), d) considerar explícitamente las dimensiones internacionales de la política social, para una mayor equidad global y un entorno adecuado para la política social, regional y nacional, e) adoptar una actitud pluralista y de experimentación social, que convierta el diseño y ejecución de políticas sociales en un proceso de aprendizaje colectivo.

     Esta visión beneficia la participación ciudadana al contener tres conjuntos de acciones por parte del gobierno: a) provisión de servicios sociales básicos (educación, salud, nutrición, saneamiento, seguridad social), b) lucha contra la pobreza, c) generación de empleo.  Por eso, todo proyecto de sociedad que suponga la participación libre de las personas en su construcción, debe ser realista respecto a los comportamientos que se puedan esperar de ellos y de los grupos en lo que se refiere, por ejemplo, a su disposición al trabajo, las opciones de consumo, el deseo de poseer y acumular, la voluntad de participación en organizaciones y comunidades. En síntesis, se requiere una correcta comprensión de las necesidades, aspiraciones y deseos de las personas, en correspondencia con la que sería la «naturaleza humana».

     Evidentemente la descentralización implica incluir a la colectividad, a través de la participación ciudadana, en la administración y disposición de los bienes y servicios que poseen las regiones. Para ello es prioritaria la creación de espacios de cogestión administrativa, a los fines de promover el control social de las políticas públicas. De ahí que sea fundamental propiciar el acercamiento entre los ciudadanos y la administración pública, con los estados o entidades federales y municipios, en aras de fortalecer la cultura de descentralización democrática, participativa y protagónica.

     Según Hernández (2001), las buenas prácticas de gestión administrativa son acciones o iniciativas con repercusiones tangibles y mesurables, en cuanto a la mejora de la calidad de vida de los habitantes y del medio ambiente de manera sostenible, las cuales pueden servir como modelo para que otros países o regiones las conozcan y adapten a su propia situación. Por ello destaca que en el “Informe sobre la Evolución de las Buenas Prácticas de Gestión”, que la comunidad internacional; es decir, los 193 países que forman parte de la Organización de Naciones Unidas (ONU), acordaron en el año de 1996, en la Conferencia Hábitat II, también llamada Cumbre de las Ciudades, que una actuación o política pública merece el calificativo de buena práctica de gestión administrativa al reunir requisitos como los siguientes:  a) tener un impacto demostrable y tangible en la mejora de las condiciones de vida de las personas,  b) ser resultado del trabajo conjunto entre los diferentes sectores que actúan y viven en la ciudad: la administración, los ciudadanos a través de sus asociaciones, y el sector privado en general,  c) ser social, cultural, económica y ambientalmente sostenible y duradera, d) contribuir con el fortalecimiento de la comunidad y de su capacidad de organización, e) prestar especial atención a la resolución de los problemas de exclusión social, ya sea de género, cultural, étnica, o económica.

     En este sentido, cabe destacar que la ONU y la comunidad internacional estimulan y utilizan las buenas prácticas de gestión administrativa como medio para: a) mejorar la política pública basándose en lo que funciona, b) aumentar el grado de conciencia de los tomadores de decisión por la formulación de políticas a todos los niveles y del público sobre las posibles soluciones a problemas de tipo social, económico y ambiental, c) compartir y transferir el conocimiento y la experiencia a través del aprendizaje de colega a colega mediante un sistema de red.

     Particularmente, la administración pública del Estado venezolano debe estar al servicio de los ciudadanos y ciudadanas, fundamentada en los principios de honestidad, participación, celeridad, eficacia, eficiencia, transparencia, rendición de cuentas y responsabilidad en el ejercicio de la función pública, referidos en el artículo 141 de la Constitución Nacional de la República Bolivariana de Venezuela (CNRBV, 1999). Sin embargo, estos principios no se cumplen o respetan a cabalidad; principalmente porque la crisis económica, política y social que se vive en Venezuela, repercute negativamente en ellos.

Una de las razones, entre otras, que ha determinado su incumplimiento es el excesivo centralismo del Estado, en detrimento de la descentralización de la función pública. Sobre esto último, en nuestro país se han realizado varios intentos por avanzar en tal proceso. Uno de estos se produjo en años finales del siglo XX y estuvo vinculado al proceso de regionalización que constituyó el primer intento coherente y sistemático para desconcentrar las competencias del poder nacional hacia las “regiones”.      No obstante, según Rachadell (2006), la regionalización dejó de existir formalmente cuando se eligieron de manera directa los primeros gobernadores de estados en el marco del proceso descentralizador. A partir de allí, los esfuerzos por descentralizar y desconcentrar no se dirigieron hacia las regiones, sino hacia los estados y municipios.

     Es decir que el esquema de regionalización administrativa aplicado no cumplió el objetivo de introducir niveles superiores de eficiencia en el funcionamiento del aparato administrativo; la Región nunca tuvo personalidad jurídica y existencia política, además de no haber sido centro de imputaciones presupuestarias, ni contar con un órgano ejecutor de los programas regionales. En consecuencia, los organismos nacionales no se adecuaron en su totalidad a las regiones definidas en los diversos Decretos; los intentos de elaborar planes regionales no tuvieron la posibilidad de influir en la toma de decisiones, y los órganos nacionales ubicados en el ámbito regional nunca actuaron como verdaderos órganos regionales, sino como simples dependencias del nivel nacional. Pese a los objetivos o interés de la regionalización, la necesidad de reformar al Estado y sus instituciones, lejos de disminuir, aumentó. La deslegitimación política, la ineficiencia de los servicios públicos, la ingobernabilidad creciente, la existencia de procesos altamente burocráticos y el imperativo de mejorar el deteriorado nivel de vida de la población, así como las capacidades de gestión del propio Estado y de sus aparatos político-administrativos, obligaron a seguir adelante. No obstante, en 1990 entró en vigencia la Ley Orgánica de Descentralización, Delimitación y Transferencia de Competencias del Sector Público (LODDT), dictada en 1989, al abrir espacio para la transferencia de competencias administrativas a las entidades federales e incorporar la estrategia de la descentralización fiscal en el país. 

     Sin embargo, autores como David Ruiz (2001) y Alexandra Lizbona (2009) coinciden en señalar que desde el año 2004 el gobierno nacional inició un proceso de centralización, tomando medidas y aprobando leyes que concentraron el poder público en las instancias ejecutivas nacionales, al margen del marco constitucional. De hecho, durante los últimos años el proceso de centralización ha venido ganando terreno sin mayores obstáculos, principalmente a causa del debilitamiento del sistema político y la falta de independencia de los poderes públicos.

    Aunque entre los años 2001 y 2005 la Asamblea Nacional aprobó nuevas leyes referidas a la descentralización, éstas no produjeron avances significativos en la aplicación efectiva de las disposiciones constitucionales en tal materia. Entre las leyes aprobadas destacan las que crearon el Sistema de Planificación Nacional y, dentro de éste, los Consejos de Planificación y Coordinación de Políticas Públicas (CEPLACOP) y los Consejos Locales de Planificación Pública (CLPP), así como la Ley Orgánica del Poder Público Municipal y la Ley del Régimen Especial del Distrito Metropolitano.

     Ante esta situación, en la autora del presente artículo surgió la inquietud de comprender: a) ¿Qué está ocurriendo con la capacidad de gestión del Estado venezolano respecto a su marcada tendencia hacia la centralización, aunque la Carta Magna lo define como “federal y descentralizado”, b) ¿Qué aportes generar para fomentar la participación ciudadana en la formulación de políticas públicas? Y, para responder estas interrogantes se propuso adelantar una investigación cuya ejecución le permitió identificar los siguientes nudos críticos: a) falta de atención y respuesta a las necesidades y potencialidades de la población en sus localidades y regiones, b) corrupción en la administración de los fondos públicos, c) carencia de espacios de cogestión  administrativa, para promover el control social de las políticas públicas, d) brecha de inequidad territorial y social permanente, no descartándose el que se generen sentimientos de insatisfacción, frustración y desidia, e) débil participación ciudadana, desarticulación e inequidad en la gestión institucional. Todo lo cual genera un deterioro del sistema democrático.

Nota: La parte II de este artículo se expondrá próximamente. La misma se incorpora la sección denominada Referencias.

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MATEMÁTICA Y CIUDADANÍA

En procura de evidenciar la relación entre matemática y ciudadanía, FUNDAUPEL se trazó como meta incorporar en su blog artículos que abordaran la temática en referencia. En tal sentido, en noviembre del pasado año (2022) presentó el ensayo elaborado por el Profesor, MsC, Jorge Nuñez, titulado Razonamiento Matemático y Civilidad. Ahora, cumpliendo con lo prometido  a nuestros usuarios, se expone el artículo del Dr. Alejo Sayago  bajo la denominación  Educación, Matemáticas y Ciudadanía.

EDUCACIÓN, MATEMÁTICAS Y CIUDADANÍA

Alejo Sayago Méndez

Profesor universitario, Tutor de trabajos de grado, Ex Jefe del Departamento de

Investigación, Postgrado  y  Producción del  IUP “Santiago Mariño”

alesay11@gmail.com

Introducción.

      Hay un libro titulado “El hombre que calculaba”, en el cual se cuenta una historia de ficción protagonizada por un prodigioso calculista llamado Beremiz quien en el mundo árabe de siglo XIII se enfrenta a distintas situaciones mediante sus habilidades con los números y sus relaciones, las cuales inicialmente no transcendían pues nadie lo conocía y la utilidad de su saber era desconocida. El contacto con otras personas y el conocimiento de sus problemas en los grupos le abrieron las puertas para reflexionar y ayudar con su habilidad de calculista a resolver problemas de la gente.  

     Beremiz, va demostrando su dominio sobre los números, pero esa sabiduría va acompañada por una reflexión que siempre tiene una razón ética, llena de justicia; la misma hace desaparecer el problema y el desacuerdo entre las personas que en la mayoría de las ocasiones son por asuntos  insignificantes. En consecuencia, se comprende que solo en sociedad el hombre puede desarrollarse plenamente, porque sus realizaciones siempre se dan en el seno de la sociedad. Sociedad que comienza a desplegarse a nivel de familia, luego a niveles sociales más amplios,  formando parte de una sociedad política, entendida como un ideal y dimensión humana vinculada al comportamiento de las  personas en sociedad, derivado de su formación cívica y ética de servicio público que obedece, según la filosofía práctica de la antigua Grecia, a la doctrina de la vida buena y justa de los buenos ciudadanos (Jiménez, 2012). Pero ¿Qué papel juega las matemáticas en la construcción de la ciudadanía en una sociedad?  Seguidamente se aporta información para responder esta interrogante.

Políticas Educativas y  Formación de Ciudadanos. 

     En los Estados democráticos existen leyes de educación que, entre otros aspectos, establecen la obligatoriedad de la educación básica para niños y adolescentes. En ésta logran competencias básicas  fundamentales que constituyen los saberes a ser manejados por ellos  cuando concluyen el correspondiente nivel educativo a propósito de su  realización como persona y poder desenvolverse en la vida con un conocimiento y unas capacidades suficientes para afrontar diferentes situaciones que se le van a presentar a lo largo de su devenir existencial. Entre las principales competencias a lograr se sitúan las matemáticas, por lo que se puede entender que el currículo contribuye a la adquisición de la competencia matemática, y es parte esencial del aprendizaje y formación de la persona y del ciudadano, necesaria en la interpretación de la realidad.

      La educación ciudadana es fundamental para consolidar formas de vida democráticas y sostener sistemas de gobierno auténticamente democráticos. Emerge así la justificación explícita de la formación matemática de las nuevas generaciones respecto al avance y consolidación de la democracia (Valero y Skovsmose, 2012). En este contexto la política educativa venezolana ha experimentado profundos cambios, cuya expresión se manifiesta en la vigente Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999), en la cual se destaca la formación ciudadana como instrumento de transformación hacia la consolidación de una ciudadanía activa, participativa y protagónica. Al respecto, en el Artículo 102 se establece que la educación es un derecho humano y un deber social fundamental, es democrática, gratuita y obligatoria… El Estado, con la participación de las familias y la sociedad, promoverá el proceso de educación ciudadana de acuerdo con los principios contenidos de esta Constitución y en la ley.

     En tanto en la Ley Orgánica de Educación (2009),  Artículo 15, se establece que la educación, conforme a los principios y valores de la Constitución de la República y de la presente Ley, tiene como fines: 1) Desarrollar el potencial creativo de cada ser humano para el pleno ejercicio de su personalidad y ciudadanía, en una sociedad democrática basada en la valoración ética y social del trabajo liberador y en la participación activa, consciente, protagónica, responsable y solidaria, comprometida con los procesos de transformación social…2) Desarrollar una nueva cultura política fundamentada en la participación protagónica y el fortalecimiento del Poder Popular, en la democratización del saber y en la promoción de la escuela como espacio de formación de ciudadanía y de participación comunitaria, para la reconstrucción del espíritu público en los nuevos republicanos y en las nuevas republicanas con profunda  conciencia del deber social. 3) Formar ciudadanos y ciudadanas a partir del enfoque geohistórico con conciencia de nacionalidad y soberanía,… También en los artículos 17, 20 y 32 de esta Ley se hace referencia sobre el compromiso que deben asumir el Estado, la familia, la comunidad educativa y la educación universitaria, en pro de la educación en ciudadanía.

Educación y Ciudadanía.

     Una de las principales funciones de las instituciones educativas pertenecientes a los diferentes subsistemas y niveles del sistema de educación nacional,   es la formación de personas dinámicas y críticas de los fenómenos en los que se encuentran inmersos. De ahí que les proporcione los correspondientes  instrumentos para lograr una adecuada socialización o adaptación (Dewey, 2004). Y es que una persona crítica es la antesala para el ejercicio de una ciudadanía activa, cumpliendo de esta manera la educación  una función socializadora y reproductora de la cultura y, en ese sentido, los integrantes de la sociedad son formados desde las particularidades de sus propios contextos para que puedan tomar una posición con incidencias en su mundo socio-cultural, político y económico.

     Dewey clamaba por una  educación integral, por considerarla con  capacidad  de aportar sólidas bases para una sociedad  democrática basada en principios de libertades individuales e igualdad de oportunidades; sostenía la esperanza de que la educación se convirtiera en el  principal vínculo  por medio del cual el impulso igualitario que inspira la democracia  pudiera contribuir a derribar  las barreras de discriminación existentes entre personas  por motivos de raza, clase, género, orientación sexual, capacidad o edad (Davison-Harden, 2009).

     Por consiguiente, la escuela como institución social tiene la tarea de formar en ciudadanía, generando las condiciones necesarias para que la socialización ocurra, es decir, garantiza las libertades para que se pueda ejercer la ciudadanía de forma natural y espontánea, formando personas que se auto-identifican con sus derechos, los promueven, alcanzan un sentido de lo público y buscan garantizar el mantenimiento de las condiciones para una sana convivencia. Borja (En Avendaño, 2016, et al), describe que la ciudadanía es una construcción permanente y colectiva, la cual tiene su origen en el conflicto social; por lo tanto, las escuelas forman ciudadanos de manera colectiva y no individual. Es fundamental hacer énfasis en la ciudadanía como un proceso colectivo, no individual, por cuanto es el resultado de la posibilidad de negociar, acordar, pactar y respetar lo dispuesto.

     Sin duda, en las instituciones educativas se pueden  recrear escenarios para el ejercicio de la ciudadanía, como  la identificación y despliegue de capacidades ciudadanas, desarrolladas y potenciadas entre los grupos escolares. Así mismo,  permiten que las prácticas ciudadanas se mantengan en contexto, dando un significado a las mismas para cada miembro.

 Matemáticas y Formación de Ciudadanía.

      Mora (2010), sostiene que las instituciones escolares, en términos generales y en cualquier sociedad, tienen como tarea fundamental brindar una formación integral básica a toda la población, sin ningún tipo de exclusión o discriminación. Esta educación incluye una sólida formación matemática de carácter pragmático y sociocrítico. El autor considera que la educación matemática, además de formar parte de la estructura  convencional de los sistemas educativos, tiene que convertirse definitivamente en un verdadero pilar  en cuanto a la formación general básica de toda la población, desde muy temprana edad hasta el final de la vida de cada quien; es educación para toda la vida.  Y para que ello ocurra es necesario cambiar, por una parte, la concepción que se tiene aún de las matemáticas, su educación y relación con el mundo; por otra, iniciar un proceso profundo de reflexión y transformación de las prácticas educativas existentes en cuanto a la educación productiva, comunitaria y liberadora (Mora, 2009; Freire, 1973 y 1985; Leontiev, 1978 y 1979; citados en Mora 2010).

     Al respecto Sánchez (2007) se pregunta ¿La educación matemática puede jugar un papel en la construcción de una sociedad democrática con ciudadanos más críticos? Él cita la repuesta de destacados matemáticos educativos como Niss (2005) “Recuerde que la democracia es una broma si los ciudadanos son analfabetos en matemáticas. La política no son palabras, son números y, al final, sólo se puede juzgar en los números. El ciudadano que no entiende los presupuestos públicos es pasto de la verborrea de los políticos”. Por su parte los investigadores daneses Alro y Skovsmore (2002), en concordancia con Niss argumentan “Para que una sociedad sea una democracia en buen funcionamiento es importante que todos puedan leer y escribir…El alfabetismo matemático [Mathemacy] es relevante para la democracia y para el desarrollo de una ciudadanía de la misma manera que lo es el alfabetismo…apoya una lectura crítica de nuestro ambiente social y político…”. Por lo que se entiende, que la formación en matemáticas en fundamental para la política y, en consecuencia, para la democracia.

     Los cambios sociales, políticos y económicos, derivados de la globalización, motivaron cambios en los diseños curriculares en busca de incorporar la formación en ciudadanía, con un enfoque relacionado con participación social y opinión política, en tanto distanciamiento con las asignaturas científicas; sin embargo, los currículos actuales en general, han avanzado en la enseñanza científica, por lo que resulta  relevante cuestionar el rol de la enseñanza de la matemática en la formación de los ciudadanos, desde la perspectiva de la educación, la organización social y  del estado promotor (Adrade y Guzmán, 2018).

     Desafortunadamente la importancia de las matemáticas en la formación de ciudadanos críticos no es reconocida por gran parte de las instituciones educativas y de la sociedad en general, En algunos países como México, Venezuela, entre otros, es prácticamente nula la existencia de diseños didácticos donde los niños y jóvenes estudien  la matemática en su relación con la conciencia política, la ética y la toma de decisiones. En este sentido. Es responsabilidad de las instituciones y de todos los ciudadanos, esforzarnos por cambiar el estatus y la visión que se tiene de la educación matemática, así como de su usos, en nuestro país.

     Según Valero y Skovsmose (2012), formar hoy en ciudadanía implica entregar las herramientas para que las personas sean capaces de tomar decisiones frente a los diversos cambios que las nuevas sociedades demandan. De ahí que distintos países avanzan y reorienten sus políticas educativas, promoviendo aquellas que posibiliten la educación de ciudadanos democráticos. En este nuevo panorama social hay acuerdo entre países en vías de desarrollo en cuanto a redefinir, promover y fortalecer la educación en ciudadanía, de manera de establecer democracias más sostenibles.

     Al respecto Callejo de la Vega (2000), refiere que la democracia se debe concebir en términos de democracia participativa; de ciudadanos como sujetos racionales, pensantes, reflexivos, informados y activos, poseedores de derechos y responsables de sus deberes, capaces de decidir, de ejercer control en sociedad y  de tener empatía con el otro, en tanto sujetos participativos en el grupo social, aportando iniciativas para satisfacer necesidades. Esto implica, desarrollar una actitud problematizdora, capaz de cuestionarse ante los hechos, los datos y las situaciones sociales, las interpretaciones y explicaciones, para lo cual debe estar capacitado a propósito de leer la información y los datos que circulan en códigos y, uno de esos códigos es el lenguaje matemático, necesario para interpretar situaciones de la realidad social relacionada con  cantidades, porciones, formas, variaciones, el cambio y la incertidumbre, posibilitándose así la constitución de las personas como sujetos autónomos y sujetos sociales.

     Desde estas perspectivas, es necesario delimitar aquellos aspectos de la educación matemática que hace falta conocer para el ejercicio de la ciudadanía; estos aspectos van más allá del dominio de las “cuatro reglas” con las que se consideraban “alfabetizadas matemáticamente” las generaciones pasadas.  Al respecto, Rodríguez (2013),  en Ardila y Sierra, (2018),  menciona que las matemáticas se encuentran en un momento de humanización,  visión en la cual su finalidad se enfoca en el proceso enseñanza-aprendizaje de las mismas, con el objetivo de contribuir en la formación de un ser humano pensante, crítico,  que se forme más allá de poder resolver problemas o algoritmos, desarrollando su capacidad  para interpretar y comprender al mundo,  fomentándose así la formación de un ciudadano autónomo que pueda criticar, justificar y validar resultados.

     Skovsmose y Valero (2008), en Andrade y Guzmán (2018) sostienen que la conexión entre matemáticas y ciudadanía se desarrolla en una dimensión política; argumentan que las matemáticas son fundamentales para la gestación y promoción de la democracia y la ciudadanía, puesto que tienen una resonancia intrínseca, una disonancia intrínseca y una relación crítica. La primera relacionada con la idea de que las matemáticas pueden resguardar los intereses y valores democráticos; dado su poder de argumentación, las matemáticas empoderan a las personas. La segunda hace referencia al hecho de que la educación matemática “ha establecido una negación   

sistemática al acceso sobre la base de género, raza, estatus socio económico y clase social”, limitando el alcance de esta forma de ver el mundo a una actividad individual, perdiendo el sentido de una actividad contextualizada, social y democrática. Por lo tanto, no destinar esfuerzos para promover otras matemáticas escolares seguirá impidiendo una formación ciudadana robusta.

Reflexiones Inconclusas.

     Las matemáticas emergen como una necesidad humana para resolver ciertos tipos de problemas sociales, así como problemas de objetos ideales. Necesidad que no ha cesado;  por el contrario, se ha acrecentado y complejizado. Es innegable el patrocinio necesario de las matemáticas en la sociedad actual para una formación que posibilite la construcción de ciudadanos democráticos, tampoco es discutible la importancia de investigar sobre cómo debe ser el desarrollo de esta formación. Vivimos en un mundo marcado por la globalización que condiciona nuestra identidad cultural, nuestras relaciones, y está generando conflictos y desigualdades insuperables que afectan a una gran parte de la población humana.

     Los investigadores sociales y matemáticos coinciden en señalar la cada vez más   estrecha relación de la educación matemática con la formación ciudadana. Los resultados revelan la importancia de formar en ciudadanía y su relación con cualidades personales; así mismo ponen de manifiesto la necesidad de otros conocimientos de las ciencias  vinculados con el comportamiento social, que complementen la formación ciudadana  con aportes teóricos para coadyuvar al desarrollo del pensamiento crítico, en tanto cuestionar las relaciones políticas, económicas, científicas y tecnológicas, humanísticas de una sociedad,  teniendo un conocimiento más profundo del mundo natural y social. En este sentido, las matemáticas aportan el desarrollo de la capacidad del individuo al utilizar conceptos para interpretar y comprender al mundo y fomentar un ciudadano autónomo, crítico, con herramientas para justificar y validar resultados.

 Referencias

Andrade, T. y Guzmán, I (2018). Educación matemática y formación ciudadana.  Rev.     Paradigma. Vol. XXXIX N° 1, junio 2018/319-331. Disponible en: http://       funes.uniandes.edu.co/16281/1/Andrade2018Educaci%C3%B3n.pdf

Ardila, Y. y Sierra, M (2018). Formación ciudadana a través de las matemáticas. Tesis de Especialización, presentada en la Facultad de Ciencias y Educación de la Universidad Industrial Francisco José Caldas. Bogotá. Colombia. Disponible en: https://repository.udistrital.edu.co/bitstream/handle/11349/22720/SierraAguillon MabelYesenia2019.pdf?sequence=1&isAllowed=y.

Asamblea Nacional (1999). Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Gaceta Oficial Nº 5.453 Extraordinaria de 24-03-2000).

Asamblea Nacional (2009). Ley Orgánica de Educación. Gaceta Oficial Nº 5.929 Extraordinario del 15 de agosto de 2009.

Avendaño, W., Paz, L., y Prada-Trujillo, A. (2016). Construcción de ciudadanía: un modelo para su desarrollo en la escuela. AGO.USB Medellín-Colombia V. 16 No 2 PP. 359 – 678 Julio – Diciembre 2016 ISSN: 1657-8031. Disponible en:  http://www. scielo. org.co/pdf/agor/v16n2/v16n2a07.pdf

Callejo de la Vega, M. (2000). Educación, Matemáticas y Ciudadanía: una propuesta desde los derechos humanos. Editorial Centro Cultural Poveda, Santo Domingo, República Dominicana. Disponible en : https://www.centropoveda.org/IMG/pdf/

Davidson-Harden, A. (2009). De la parálisis a la praxis ciudadana: hacia una pedagogía crítica para enfrentar la violencia global. Revista Interamericana de  educación para la  democracia RIED. Vol 2, No. 1. Junio, 2009. Disponible en: www.ried-ijed.org.

Dewey, J. (2004). Democracia y educación. Una introducción a la filosofía de la educación. Primera edición. Ediciones Morata. Argentina.

Galán, B. (2012). Historia de las matemáticas. [Libro en Línea]. Universidad de Cantabria. Disponible en: https://www.lareferencia.info/vufind/Record/ES_9acc 61073950ba0563734ad895a0ff5f

Jiménez, W. (2012) El concepto de política y sus implicaciones en la ética pública: reflexiones a partir de Carl Schmitt y Norbert Lechner. Revista del CLAD Reforma y Democracia, núm. 53, junio, 2012, pp. 215-238. Caracas. Disponible en: https://www.redalyc.org/ pdf/3575/357533685008.pdf

Malba Taham (2006). El hombre que calculaba. [Libro en Línea] Ediciones Pluma y Papel. Buenos Aires. Argentina. Disponible en: http://www.librosmaravillosos. com/hombrecalculaba/pdf/El%20Hombre%20que%20Calculaba%20%20Malba%20Tahan.pdf.

Mora, D. (2010). Formación matemática como parte de la educación básica de todas las personas. Integra Educativa Vol. III / Nº 2). Instituto Internacional de Integración. Convenio Andrés Bello. La Paz Bolivia. Disponibe en: http://www.scielo.org.bo/ pdf/rieiii/v3n2/a02.pdf.

Sánchez, M. (2007). Matemáticas para la formación de ciudadanos críticos. Research Gate Instituto Politecnico Nacional. Disponible en: https://www.Researchgate.net/ profile/Mario-SanchezAguilar/publication/317344770_Matematicas_para_la_formació n_de_ciudadanos_criticos/links/595e4e18458515a3578135a0/.

Valero, P y Skovsmose, O. (2012). Educación matemática crítica. Una visión sociopolítica del aprendizaje y la enseñanza de las matemáticas. 1a Edición. Ediciones Uniandes. Universidad de los Andes, Bogotá. Disponible en: https:// http://www.researchgatenet/profile/PaolaValero3/publication/281438280_Educacion_matematica_critica_Una_vision_sociopolitica_del_aprendizaje_y_la_ensenanza_de_las_matematica. pdf.

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MATEMÁTICA Y CIUDADANÍA

En el artículo 102 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (2000) y en la Ley Orgánica de Educación (2009) se plantea que unos de los fines de la educación esdesarrollar el potencial creativo de cada ser humano para el pleno ejercicio de su personalidad y ciudadanía, en una sociedad democrática…”  Esta finalidad suprema asignada a la educación se completa y complementa con otros fines que en la Ley mencionada están expuestos y en los cuales se tiene el siguiente: “Desarrollar la capacidad de abstracción y el pensamiento crítico mediante la formación filosófica, lógica y matemáticas, con métodos innovadores que privilegien el aprendizaje desde la cotidianidad y la experiencia”  (artículo 15, numeral 8).

Del análisis de los fines  de la educación venezolana  mencionados se deduce, entre otros aspectos, que existe  una estrecha relación entre ciudadanía y matemática por la cual la inclusión de ambos alcances en el currículum correspondiente a los subsistemas de educación básica y de educación universitaria tiene plena justificación.

Procurando evidenciar tal relación, la Fundación Universidad Pedagógica Experimental Libertador (FUNDAUPEL) pone a disposición de los usuarios de su blog dos artículos que, desde perspectivas diferentes, abordan la temática y cuyo análisis les permitirá llegar a específicas conclusiones en cuanto a que la matemática coadyuva a la construcción de ciudadanía.

El primer artículo elaborado  por el Profesor Jorge Nuñez,  se presenta a continuación. El segundo, cuyo autor es el Dr. Alejo Sayago, se expondrá en próxima entrega.

RAZONAMIENTO  MATEMÁTICO Y CIVILIDAD

Jorge Nuñez  

Profesor de Matemática y Física,

Docente Universitario de Matemática,

 Msc. en Enseñanza de la Matemática.

Los números naturales fueron creados por Dios. Los  demás, por los hombres.

(Kroenecker)

En la génesis de las civilizaciones, las primeras manifestaciones de razonamiento están asociadas a los procesos de estimar cantidades y al de contar. Pareando los elementos de un conjunto: rebaños, frutos recogidos, con los dedos de las manos las personas podían hacer comparaciones de mayor, menor o igual cantidad. Así lograban acordar intercambios o mantener sus inventarios.

A medida que el total de objetos se hizo mayor al total de los dedos comenzó a reunir cantidades de manos, lo que condujo a un sistema superior en la representación de lo poseído. Ya no utiliza sólo las herramientas materiales; ahora emplea un sistema de asociación que no proviene de la realidad sino de la elaboración mental. 

De manera similar ocurre con los niños quienes a temprana edad pueden decidir si algo les falta, si tienen mucho o tienen poco.

La conexión del niño con el mundo se nutre del estímulo de los sentidos, que le proporciona los primeros conocimientos, las experiencias adquiridas a través de los juegos, el lenguaje y, esencialmente, de su interacción con los miembros del entorno familiar. En lo particular, la relación del niño con su madre resulta fundamental en el desarrollo del pensamiento y de los actos de razonamiento.

Alexander Luria plantea que tanto el lenguaje como el pensamiento son productos sociales transmitidos al niño por los adultos, a través de la educación. La madre modela la conducta del niño al nombrar los diversos objetos circundantes y al darle órdenes e instrucciones. Luego, el niño comienza a nombrarlos activamente y a organizar sus actos de percepción y de atención deliberada. Cuando se desempeña tal como su madre le ordena, retiene las huellas de las instrucciones verbales en su memoria. Así aprende a formular sus propios deseos e intenciones en forma independiente, primero por medio del lenguaje exterior y luego haciendo uso del lenguaje interior. Crea, de esta manera, las formas superiores de memoria intencional y de actividad deliberada. Para Henry Ellis, el desarrollo del pensamiento y, por ende, de las capacidades de abstracción, análisis y síntesis está íntimamente vinculado con el desarrollo del lenguaje.

La actividad de socialización del niño y de ampliación de sus facultades de pensamiento continuan en la escuela, donde ya es sometido a un proceso organizado y orientado hacia la elevación de sus capacidades intelectuales y adaptación a la vida en sociedad. Esta etapa escolar es el período en que se organizan las operaciones concretas y de pensamiento formal, descritas por Jean Piaget: desde los 7 a los 12 años se organizan las operaciones concretas, es decir, las agrupaciones operatorias del pensamiento referidas a los objetos que pueden manipularse o son susceptibles de percibirse intuitivamente. Desde los once años y durante toda la adolescencia se elabora el pensamiento formal, el cual surge con la capacidad de reflexionar fuera del presente; de razonar de un modo hipotético-deductivo, sobre simples suposiciones sin relación necesaria con la realidad o con las creencias del sujeto, confiado en la validez del razonamiento y en la concordancia de las conclusiones con la experiencia.

  A partir del inicio de la escolaridad se introduce al niño en la formación matemática con la finalidad de desarrollar las facultades mentales y las capacidades de razonamiento formal, más allá de conocer y dominar los conocimientos que servirán de soporte a la formación científica. Tal es el objetivo general de la enseñanza de la matemática que no es atendido debidamente por darle prioridad a la presentación de los objetivos específicos, referidos a los conocimientos particulares, inducidos por una acción memorística de reglas y fórmulas. De esta manera se deja a un lado la búsqueda de los “por qué” y la reflexión presente en el condicionamiento del “si…entonces”, básicos en el desarrollo del pensamiento matemático y que constituyen técnicas de pensamiento que han permitido elevar la potencialidad del razonamiento.

Para ilustrar las aseveraciones anteriores revisaremos un poco los procesos iniciales de fundamentación de la lógica y el pensamiento matemático. Aristóteles (384-322) al plantearse cuál era la condición imperante en un discurso que le permitía aceptarlo como válido o no, estableció que un pensamiento era válido cuando de dos premisas o proposiciones se obtenía una tercera proposición mediante la aplicación de las leyes lógica, con independencia de la verdad o no de las premisas iniciales. Alcanza esta conclusión por un acto de introspección al hacer abstracción del objeto de estudio despojándolo de toda conexión con la experiencia y atributos materiales.

La teoría geocéntrica, propuesta por Aristóteles y más tarde ampliada por Ptolomeo (100-170), postulaba que la tierra es el centro del universo y que el sol, las estrellas y planetas giran alrededor de ella. A partir de este concepto se generaron resultados válidos que dominaron el conocimiento cosmológico hasta fines de la edad media. Más tarde, marcando el fin de esta época y con el surgir del Renacimiento, las observaciones y estudios realizados por Copérnico (1473-1543), Tycho Brahe (1546-1601), Kepler (1571-1630), Galileo (1564-1642), modificaron el paradigma y situaron al sol en el centro de todo el sistema. Teoría, ésta, que fue formulada por el griego Aristarco de Samos en el siglo III antes de Cristo. En ambas teorías, premisas consideradas verdaderas condujeron a resultados válidos por la aplicación del razonamiento hipotético deductivo.

Euclides (325-265) fundamentó la geometría a partir de cinco axiomas o premisas, es decir, apoyado en principios que se consideran evidentes y no requieren demostración. El primero de estos axiomas se refiere al punto. Según Euclides un punto es aquello que no tiene partes. Esta definición no tiene equivalente en la realidad material puesto que el no tener partes, el no estar dotado de magnitudes como largo y ancho, es ser nada. Además, Euclides define una recta como una sucesión de puntos que se extiende en una dirección hasta el infinito. Con la recta está describiendo algo, un ente formado por cosas que no tienen partes y que, además, es de longitud infinita.

En sus postulados, Euclides no está definiendo objetos de la experiencia de los sentidos sino el producto de la abstracción que hace de objetos del mundo sensible y a los cuales despoja del ropaje material quedándose con la idea, la imagen mental. La recta de Euclides no es posible trazarla sobre la superficie de la Tierra porque, siendo la Tierra un cuerpo de forma aproximada a una esfera, la superficie es curva y toda recta que se intente trazar resultará tangente al planeta. Lo que normalmente dibujamos como punto o como una recta es sólo una representación de la idea de punto o de recta sobre un plano finito y no sobre el plano euclidiano que se extiende indefinidamente en todas las direcciones.

En el siglo XIX, los matemáticos Lobachevsky y Bolyai formulan nuevas teorías geométricas al sustituir la idea de plano mantenida en la concepción de Euclides. Plantearon geometrías de las superficies curvas obteniendo resultados que, en apariencia, contradecían al filósofo y matemático griego. En esta nueva geometría, por ejemplo, por un punto exterior a una recta pueden trazarse infinitas rectas paralelas o ninguna; la suma de los ángulos interiores a un triángulo es mayor a ciento ochenta grados o menor, dependiendo de si la superficie curva es cóncava o convexa. Tal es el caso de la superficie exterior o interior de una esfera.

La tradición lingüística afirma que el “todo es mayor que cada una de sus partes”. Todo conjunto contiene a cada una de sus partes y es mayor a ellas. Esta afirmación universal es el resultado de la observación en el mundo experiencial finito. Sin embargo, si colocamos los infinitos números naturales en correspondencia con su doble podemos inferir que ambos conjuntos tienen la misma cantidad de elementos; lo que significa que el todo puede ser igual a cada una de sus partes.

En los planteamientos anteriores se destaca una propiedad común. Ésta es que a partir de abstracciones inducidas por la observación de los eventos accesibles a los sentidos se diseñan ideas, premisas, que al ser aceptadas como válidas permiten obtener conclusiones válidas mediante el uso de los procedimientos hipotéticos-deductivos, todo inmerso en la fórmula “si…entonces…”. 

Mantener al niño y al adolescente en la reproducción de estas experiencias mentales es el camino para lograr el fortalecimiento y desarrollo de las facultades de pensar y razonar, haciendo abstracción de los dictados de los sentidos y de las emociones. Esto es el objetivo esencial de la enseñanza de la matemática.

Una vez desarrollada las facultades de pensamiento superior, las personas pueden participar de una conciencia colectiva más elevada, determinante de conductas cívicas responsables en donde postulados como   los necesitamos pobres   y    se les debe dar educación, pero hasta cierto nivel porque de lo contrario…   , no tengan posibilidad de lograr los propósitos que pretenden inferir. Tales premisas encuentran tierra fértil en sociedades donde el comportamiento individual y colectivo se encuentra estimulado por las emociones y por la apreciación superficial de la realidad, indebidamente alimentados por los medios de difusión de ideas.

Al igual que la disciplina matemática, el arte de la abstracción y el buen razonar es alimentado por la comprensión de la lectura, ya que  ambas esencias, la matemática y el lenguaje escrito, participan de la misma estructura lógica y los estudios experimentales resaltan que el razonamiento matemático y, consecuentemente el rendimiento escolar, tienen una significativa correlación con la habilidad de comprensión lectora. Una y otra dotan a la persona de disciplina y del hábito de atender a las reglas y leyes que constituyen su estructura y que,  por su naturaleza cultural,  son coincidentes con la organización de las sociedades.

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ÉTICA Y PEDAGOGÍA

Magaly Altuve Zambrano

FUNDAUPEL

Hace algún tiempo participé en un Foro sobre ÉTICA Y PEDAGOGÍA. El proceso reflexivo suscitado en mí, a raíz de la invitación de que fui objeto por parte del Instituto Pedagógico de Miranda “José Manuel Siso Martínez”, perteneciente a la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, me permitió llegar a las conclusiones que expongo a continuación.

Primera conclusión: entre ética y pedagogía existe una interrelación, más que una relación, pues la pedagogía es la ciencia de la educación y ésta es –en mi opinión– un proyecto ético; por lo demás, la ética implica a su vez la presencia de un proyecto educativo.

Y ¿por qué la educación es un proyecto ético? Al respecto mi respuesta es: porque orienta al logro de un fin último que, por ejemplo, en la Constitución venezolana (1.999) se expresa en los siguientes términos: “desarrollar el potencial creativo de cada ser humano en una sociedad democrática basada en la valoración ética del trabajo y en la participación activa, consciente y solidaria en los procesos de transformación social consustanciados con los valores de la identidad nacional y con una visión latinoamericana y universal” (Art. 102, p. 37). Fin último que define el para qué de la educación y tienen implícito la eticidad de quien se beneficia de ella.  

Esto último permite explicar mi afirmación respecto a que la ética implica necesariamente un proyecto educativo. Más específicamente, ella supone un “deber ser del hombre”, íntimamente vinculado a la sociedad y a la cultura donde se desenvuelve. Ese deber ser implica la posesión de virtudes y valores, así como de una moralidad, todo lo cual deviene en una manera de ser del hombre, en una manera de vivir, en lo propiamente existencial, aspectos donde la educación juega un papel fundamental.

Segunda conclusión: si la pedagogía tiene por objeto el estudio del hecho social – individual conocido como educación y ésta se orienta a la formación del hombre, entonces la enseñanza en su sentido amplio y restringido amerita estar presente. Pero ¿qué enseñanza? Obviamente no la cuestionada siempre y mantenida aún –en muchos casos–; no, mi idea, como la de varios autores e inclusive de muchos de ustedes, es la de una enseñanza que exprese un nuevo espacio ético donde la construcción de sí mismo, la aceptación del otro, el respecto a la diferencia, permitan el desarrollo de un clima para el pensamiento propio, el reconocimiento a las distintas culturas y particularmente el asumir nuestra existencia como un proyecto.    

Tercera conclusión: en la educación sistemática la enseñanza implica la presencia de dos elementos fundamentales: el docente y el discente cuya interrelación en el acto pedagógico se orientan al logro de específicos objetivos, para lo cual es necesario un permanente interactuar posibilitador de mutuas influencias y del desempeño de variados roles por parte de cada persona, aspectos que, sin duda, tienen profundas connotaciones de carácter ético como son: el respeto mutuo entre los participantes en tal acto; el reconocimiento del uno hacia el otro dada su condición de personas humanas; el deseo de crecer personal y profesionalmente en el caso del docente; la aspiración de lograr aprendizajes cognoscitivos, afectivos y de naturaleza motriz en el caso del estudiante; el establecimiento de un verdadero diálogo entre las partes donde sea posible el debate, la discusión y la crítica conceptual, así como la revisión de fundamentos; la generación de un verdadero ambiente para la controversia que significa no pelear ni agredirse, disentir, pero no reducir al ostracismo al otro, acoger lo positivo sin temor teniendo presente el bien general y no lo exclusivamente particular, desterrar el autoritarismos, todo lo cual redundará en el logro de las auto transformaciones necesarias como decisiones autónomas y razonadas.

Cuarta conclusión: el acto pedagógico se constituye en torno a una temática e implica el uso de determinadas estrategias (métodos y recursos). Una y otra no son improvisadas, sino que han sido incorporadas al currículo como resultado de una valoración efectuada por actores sociales, una vez considerada la importancia que tienen en el proceso formativo de los beneficiarios directos e indirectos de la educación.

La temática de estudio es saber, es conocimiento, y el docente tiene que dominarla y estar permanentemente actualizándose sobre ésta a través de un proceso continuo de investigación cuyos resultados devienen en la superación de saberes, incorporación de otros e inclusive en la generación de nuevos; proceso intelectual que debe estimularse en el educando, concretándose en uno y otro ser en lo conocido como actitud científica: concebida como postura existencial para lograr el bien general, la felicidad de nuestros congéneres, la preservación de nuestra única nave espacial: la tierra. En fin, la preservación de la especie humana para siempre.

Esto es ética, es pedagogía. ¿Perciben la interrelación entre una y otra?

Ahora bien, desde una perspectiva ética – pedagógica, dicente y docente deben establecer con su quehacer una relación “erótica” en términos de que sienten placer por la actividad a la cual dedican gran parte de su existir pues, es uno y otro ésta forma parte del proyecto ético de vida, vida profesional y vida estudiantil de cada uno.

Para Reflexionar Este breve ensayo se ha incluido en el Programa Ciudadanía que FUNDAUPEL promueve, específicamente en el Subprograma 1: Construcción de Ciudadanía a partir de actores educativos. ¿La razón? En él se incorporan alcances que relacionan ciudadanía con la ética y la pedagogía. Al respecto, estimado lector, se le invita a reflexionar sobre el correspondiente devenir relacional en la seguridad de que el proceso reflexivo que realice dará buenos frutos: nuevas ideas que constituyen su aporte personal a la temática inicial. Nos complacería mucho conocerlas. Por eso lo invitamos a que nos las haga llegar.   

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LA PRAXIS DE LA CIUDADANÍA

Alejo Sayago Méndez

Profesor universitario, Tutor de trabajos de grado, Ex Jefe del Departamento de

Investigación, Postgrado  y  Producción del  IUP “Santiago Mariño”

alesay11@gmail.com

El concepto de ciudadanía ha sido objeto de debate tanto desde al ámbito académico como político debido a su importancia para el buen funcionamiento de la democracia. Sin embargo, las nociones que se tienen sobre la misma son limitadas, debido a la evolución de la sociedad producto de su praxis;  por lo que se hace necesario estudiarla partiendo de los enfoques teóricos que existen y emergen, así como del conocimiento empírico y experiencial a  fin de descubrir y explicar su naturaleza.Estas limitaciones nos estimulan a contribuir a la problematización de la visión académica de la praxis educativa para la formación y  praxis de ciudadanía. Desde esta óptica, en el presente ensayo se revisan  los conceptos de política, praxis, educación y su relación con el ejercicio de la ciudadanía, tratando de responder a la pregunta ¿Cómo entender la educación para la praxis de la ciudadanía desde el ámbito escolar?

Ciudadanía y Política

  Giroux (2003) postula que la ciudadanía es una práctica histórica socialmente construiday reconstruida en cada generación; es decir,  no es un constructo estático, sino que está en constante evolución a través de los tiempos, porque como praxis es una actividad esencialmente humana en la se configuran un conocimiento de la realidad social, una crítica a esa realidad y proyectos de transformación social. En tanto para Touraine (1995, p.108) la ciudadanía es una “construcción libre y voluntaria de una organización social que combina la unidad de la ley con la diversidad de los intereses y el respeto a los derechos fundamentales”. Con lo cual se entiende  que la praxis de la ciudadanía  permite la organización de los sujetos a partir de un acuerdo concretado en las normas para la protección de los intereses colectivos e individuales, es decir, el ejercicio de la ciudadanía posibilita el fin de la política.

 La política es un concepto que en muchas ocasiones es asumido desde una noción negativa dada su relación con el ejercicio del poder político y sus efectos en la administración pública, el dominio e imposición de unos pocos sobre el resto de la sociedad, con base en  la demagogia, la manipulación y necesidades de los más vulnerables, a través del  uso indebido de legitimidad de que  fueron investido por el poder ciudadano para el ejercicio del poder público. Sin embargo, la política es mucho más que eso,  se trata de un ideal  y dimensión humana vinculada al comportamiento de las personas integrantes  de una sociedad, derivado de su formación cívica y ética de servicio público que obedece, según la filosofía práctica de la Grecia Antigua, a la doctrina de la vida buena y justa de los buenos ciudadanos (Jiménez, 2012).

No obstante, es la noción negativa la que prevalece en la sociedad actual. De hecho en  muchas instituciones públicas y privadas de Venezuela, con énfasis en las educativas y hasta en la familia se limita la disertación de lo político, lo cual  no deja de ser sano,  si  la misma ha de desencadenar desacuerdos, violencia verbal y hasta física en el seno de tales instituciones. Esta situación pone de manifiesto que la educación desde dicha  perspectiva no está en condiciones de formar para la praxis de la ciudadanía, tomando en cuenta que el ejercicio de la praxis ciudadana se concreta en el campo de la política. Política y ciudadanía son conceptos con una relación muy estrecha, la política es el aspecto más público de la ciudadanía  donde se develan los  deberes y se reconocen los derechos ciudadanos, lo cual supone el ejercicio de los derechos civiles, políticos y sociales en la experiencia de vida en sociedad (Buenrostro, 2011).

La Praxis y la Ciudadanía

Para Sánchez Vásquez (1980), en la antigüedad la praxis era una de las tres formas de conocimiento que identificaban el pensamiento: la política que corresponde al conocimiento de lo público y lo ciudadano; el conocimiento teórico que hace referencia a la contemplación; y el conocimiento productivo o poiésis que alude a la producción de artefactos, útiles, también denominado techné. Para el marxismo, la praxis se entendía como un tipo de actividad práctica del hombre que resulta objetiva y subjetiva a la vez, y le permite al ser humano transformar la naturaleza y transformarse a sí mismo (González, 1991). Por consiguiente, se entiende la praxis como actividad humana objetiva y subjetiva de transformación y de auto constitución, en donde se articulan un conocimiento profundo de una realidad social, una crítica radical a la misma y un proyecto de transformación; un proyecto de sociedad que dé cuenta de la dinámica social y que responda a la intencionalidad de la praxis. En este sentido, la praxis es una forma ideal de trabajar con la gente y para la gente y, sobre estas bases, se construye el concepto de ciudadanía.

Por medio de la praxis el hombre conoce el mundo natural, el mundo creado por él y se conoce como ser, toma conciencia de sí mismo y se sabe distinto a los demás seres, cobra conciencia del tiempo y se reconoce como ser finito. Desde que surge, el hombre es un ser de la praxis y como tal se distingue de los demás seres de la naturaleza, inclusive de la propia naturaleza, ya que por ser un ser de la praxis se construye como naturaleza pensante, es decir como naturaleza que se piensa así mismo. A la luz de estos preceptos, la praxis es una práctica social concebida como un conjunto de actuaciones de los actores sociales con las cuales  pretenden satisfacer sus necesidades y que implican unas acciones operativas de actitudes y comportamientos. De este modo la praxis comprende, por una parte, una relación mutua entre el sujeto y el objeto y, por otra, entre sujetos, dando como resultado la transformación del objeto o la generación de efectos en otros actores.

Al respecto Velázquez y González (En Avendaño, 2016), refieren que la participación ciudadana surge como un medio para renovar las estructuras formales de la democracia y convertirlas en dispositivos capaces de interpretar la voluntad y las demandas de la población. El interés general o colectivo es el fin de la participación ciudadana, posibilitando  esto que el orden social se mantenga vigente en el marco de los valores necesarios para poder convivir. En este sentido, se puede concebir  la ciudadanía como una praxis política que le confiere capacidad a los sujetos para conocer, reflexionar una realdad social e influir, incidir, intervenir y trasformar los contextos socioculturales.

Ciudadanía y Educación

Una de las principales funciones de las instituciones escolares en todos los niveles y modalidades educativas es la formación de sujetos dinámicos y críticos de los fenómenos en los que se encuentran inmersos, ofreciéndoles instrumentos para una adecuada socialización o adaptación (Dewey, 2004). Un sujeto crítico es la antesala para el ejercicio de una ciudadanía activa, es decir que la educación cumple una función socializadora y reproductora de la cultura y, en ese sentido, los sujetos son formados desde las particularidades de sus propios contextos para que puedan tomar una posición con incidencias en su mundo socio-cultural, político y económico. Por ello Dewey clamaba por una  educación integral, partiendo de la premisa de que la misma tenía la capacidad  de aportar sólidas bases para una sociedad  democrática basada en principios de libertades individuales e igualdad de oportunidades; él sostenía la esperanza de que la educación se convirtiera en el  principal vínculo  por medio del cual el impulso igualitario inspirador de la democracia  pudiera contribuir a derribar  las barreras de discriminación existentes entre personas  por motivos de raza, clase, género, orientación sexual, capacidad o edad (Davison-Harden, 2009)

En síntesis, la escuela como institución social tiene como función primordial formar en ciudadanía, por lo cual ha de generar las condiciones necesarias para que la socialización ocurra; es decir, garantiza las libertades a propósito del ejercicio la ciudadanía de forma natural y espontánea, formando personas que se auto-identifican con sus derechos, los promueven, alcanzan un sentido de lo público y buscan garantizar el mantenimiento de las condiciones para una sana convivencia. Borja (En Avendaño, 2016), expresa que la ciudadanía es una construcción permanente y colectiva, cuyo  origen está en el conflicto social; por lo tanto, las escuelas forman ciudadanos de manera colectiva y no individual. Es fundamental hacer énfasis en la ciudadanía como un proceso colectivo, no individual, pues es el resultado de la posibilidad de negociar, acordar, pactar y respetar lo dispuesto.

La escuela tiene la posibilidad de recrear escenarios para el ejercicio de la ciudadanía, es decir, identificación y despliegue de capacidades ciudadanas desarrolladas y potenciadas entre los grupos escolares. Así mismo, la escuela permite que las prácticas ciudadanas se mantengan en contexto, dando un significado a las mismas para los sujetos escolares.

Praxis y Educación

La educación es praxis en el sentido de actuar  humanamente para el conocimiento y el saber (Peter, 1990). La educación como praxis es una expresión que tiene su intencionalidad y su significado en ella, involucra una visión y sentido de la vida que se mide por la rectitud de la acción, lo cual implica el reconocimiento de la acción educativa en el diálogo con esencia de praxis. La educación es una  praxis porque constituye el mundo de vida de los actores participantes en ella, un espacio de interacción, intersubjetividad y de construcción de sentidos, donde se resuelven los conflictos cotidianamente generados  como resultado de sus prácticas intencionales, mediadas por experiencias, sentido de la vida, emociones, sentimientos y subjetividades.

En este sentido, la educación como un espacio de intersubjetividades para la elevación del ser a lo espiritual, mediado por la praxis,  está llamada a enfrentar desafíos de la complejidad del presente y de crear condiciones para la búsqueda de soluciones que involucren la reforma del pensamiento, que conduzcan a la puesta en práctica de alternativas emergentes para la recuperación del sujeto, así como del sentido de la praxis educativa extraviada en el pragmatismo y en la inmediatez. Para superar estas  disfuncionalidades, el educador en su praxis debe favorecer la crítica, la reflexión y el cuestionamiento de lo dado, de lo establecido, e impulsar acciones innovadoras hacia la emancipación del yo educador y el de los alumnos, de cualquier dominación bien sea política, técnica, ideológica, religiosa dogmática.

Reflexiones de Cierre

En lugares donde la democracia se ha institucionalizado, la ciudadanía constituye para la educación un importante campo de reflexión y producción académica, pues la sociedad del presente siglo enfrenta una crisis muy compleja dada la dificultad y magnitud de los problemas sociales y éticos que prevalecen. Sin embargo, el ejercicio de la ciudadanía es circunstancial y condicionado, lo que quiere decir que depende del estado de la concepción y proceso democrático de cada país y de las condiciones normativas que legitiman su ejercicio, lo cual limita el establecimiento de principios universales para la educación en ciudadanía. Y, aun existiendo  condiciones para el ejercicio de la ciudadanía, se comprende que ésta como proceso de construcción sociocultural es inseparable del contexto del cual forma parte, por lo que no se posibilita un modelo pedagógico universal para la construcción de ciudadanía, en tanto  abre espacio para formular modelos particulares considerando las especificidades  del contexto.

En el proceso de construcción de ciudadanos y sujetos políticos, la educación cumple una función esencial. La escuela a través de sus prácticas pedagógicas impulsa la formación de personas que permitan crear un mundo humanamente habitable, por lo que los procesos implementados en torno al tema de construcción de ciudadanía son un asunto de su total incumbencia. No obstante, la noción negativa  que prevalece en la sociedad actual sobre la política, las limitaciones en la institución educativa para la disertación de lo político debido al modelo educativo imperante, pone de manifiesto que la educación desde esta perspectiva  no está en condiciones de formar para la praxis de la ciudadanía, tomando en cuenta que el ejercicio de dicha praxis se concreta en el campo de la política.

Desde esta visión la ciudadanía es el fin de la política, pero ¿Existe espacio en el contexto escolar para el debate político? Efectivamente cuando se comprende la política en sentido negativo, la transversalización deja de ser esencial para el acuerdo y se transforma en discusiones y enfrentamientos al tratar de imponer una razón frente a otra razón. De modo que la formación de ciudadanía desde el ámbito escolar resulta prácticamente imposible de lograr, en tanto que los sujetos sociales son víctimas de la demagogia  de falsos mesías, engaños  y fácilmente sometidos y oprimidos por quienes de una manera u otra acceden al poder social.

La educación de los niños, jóvenes y adultos tiene implicaciones en lo inmediato para la ciudadanía, -no se trata solo de la educación formal,  sino la que se da en diferentes contextos formales e informales-, pues esta se construye en las relaciones humanas; por consiguiente, cada situación de vida cotidiana es una oportunidad para formar competencias ciudadanas, por ello la formación ciudadana no es exclusiva de una instancia educativa en específico, de ahí que resulta indolente esperar  que  las instituciones escolares sean las únicas responsables de la tal formación. Sin duda, la institución escolar es espacio predilecto para formación en ciudadanía, porque todas sus instancias donde se desarrollen relaciones humanas se constituyen en ambientes propicios para el ejercicio de la ciudadanía y, en consecuencia, para la formación en ciudadanía. En este sentido sería aceptable considerar una formación formal y otra informal en ciudadanía; la primera determinada por la concepción del Estado que le confiere legitimidad, y la segunda por el desarrollo sociocultural de la sociedad que le confiere armonía y convivencia social.

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                                                            Referencias

Avendaño, W., Paz, L., y Prada-Trujillo, A. (2016)  Construcción de ciudadanía: un modelo para su desarrollo en la escuela. AGO.USB Medellín-Colombia V. 16 No 2 PP. 359 – 678 Julio – Diciembre 2016 ISSN: 1657-8031. Disponible en:  http://www. scielo. org.co/pdf/agor/v16n2/v16n2a07.pdf

Buenrostro, I. (2011). La Ciudadanía de T. H. Marshall: apuntes sobre un concepto sociológico olvidado. Barataria. Revista castellana-manchega de ciencias sociales 2011, pp. 59-84. Disponible en : https://acmspublicaciones.revistabarataria.es/la-ciudadania-de-t-h-marshall-apuntes-sobre-un-concepto-sociologico-olvidado/

Davidson-Harden, A. (2009). De la parálisis a la praxis ciudadana: hacia una pedagogía crítica para enfrentar la violencia global. Revista Interamericana de  educación para la  democracia RIED. Vol 2, No. 1. Junio, 2009. Disponible en: www.ried-ijed.org.

Delgado, F y Vásquez, B. (2005). Praxis educativa universitaria en Venezuela y su representación social.  Revista de Ciencias Sociales (Ve). Vol. XI, número 003.Septiembre-Diciembre 2005. Universidad del Zulia. Disponible: Disponible: http://redalyc.uaemex.mx

Dewey, J. (2004). Democracia y educación. Una introducción a la filosofía de la educación. Primera edición. Ediciones Morata. Argentina.

Giroux, H. (2003). La escuela y la lucha por la ciudadanía:pedagogía crítica de la época moderna. Tercera Edición. Siglo XXI Editores. Argentina

González, L (1991) El concepto de praxis en Marx: La unidad de ética y ciencia. Revista Realidad. Número 19 – 20, Enero-Abril de 1991. UCA Disponible: http://www.uca.edu.sv/revistarealidad/archivo/4e737ae510d91el conceptodepraxis.pdf.

Jiménez, W. (2012) El concepto de política y sus implicaciones en la ética pública: reflexiones a partir de Carl Schmitt y Norbert Lechner. Revista del CLAD Reforma y Democracia, núm. 53, junio, 2012, pp. 215-238. Caracas. Disponible en: https://www.redalyc.org/ pdf/3575/357533685008.pdf

Peters, R. S. (1990). El Concepto de educación. Triada. México.

Sánchez Vázquez A. (1980). Filosofía de la praxis. Colección Enlace. Grijalbo. México, Barcelona, Buenos Aires.

Rodríguez, T. (1996). El itinerario del concepto de mundo de vida. De la fenomenología a la teoría de la acción comunicativa. Revista Comunicación y Sociedad, n° 27. Disponible en: http://www.publicaciones.cucsh.udg.mx/pperiod/comsoc/pdf/27_1996/ 199-214.pdf.

Touraine, A. (1995). ¿Qué es la democracia? México: Fondo de Cultura Económica

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LA IMPORTANCIA DE LA SOLIDARIDAD

    

Lisbeth Díaz de García

Universidad Politécnica Territorial del

Estado Mérida “Kléber Ramírez” (UPTMKR)

lisbethjane@gmail.com

     Vivimos en un mundo frágil, donde el ser humano se enfrenta a numerosos y diferentes desafíos. Por ejemplo, el perder la salud debido a la presencia de agentes biológicos causantes de enfermedades que deterioran la salud de las personas y, en muchas ocasiones conducen a la muerte tal como sucede con el COVID – 19, coronavirus que ha sido detectado en casi todos los países y el cual tiene sumido a la sociedad en una cuarentena social mundial. Así mismo, él debe afrontar la acción de fenómenos climáticos y catástrofes naturales, muchas veces resultado del mal manejo que hace de los distintos elementos presentes en el entorno que lo rodea (aire, agua, suelo, fauna, flora, entre otros), como también desafíos derivados de su devenir dentro de la sociedad de la cual forma parte (abandono, hambre, discriminación, injusticia…)

     Al reflexionar sobre los problemas que actualmente aquejan a los habitantes del planeta Tierra, cobra gran importancia el valor de la SOLIDARIDAD que, según estudios realizados en el pasado siglo XX (desde comienzos de la década de los ochenta), debe promoverse con mayor intensidad en el presente siglo (XXI). Este valor lleva a las personas a anteponer los intereses colectivos por encima de los individuales, de manera que las crisis vividas en los países (caso Venezuela, en la actualidad) pueden ser superadas entre otros factores si hay una toma de conciencia colectiva signada por el desprendimiento y la cooperación.

     Según el Diccionario Etimológico de Chile (2020), la palabra “Solidaridad” es un derivado del adjetivo latino solidus que se asocia con la raíz indoeuropea sol (entero), el sufijo ario que indica procedencia o pertenencia, y el sufijo dad (cualidad). Significa en el sentido más amplio de la palabra el pensar en el “otro”, en los “demás” de manera fraternal, de manera completa, como si se tratara de “mi hermano” o de “mi amigo”. Obviamente este valor se contrapone a esa parte de la naturaleza humana llamada “ego” donde todo gira alrededor del yo, sentimiento egoísta (primero yo, segundo yo, tercero yo… y último yo), que impide ponernos en la posición del otro u otros y sensibilizarnos con sus necesidades o carencias, convirtiendo a las personas en jueces o verdugos de quienes son menos afortunados.

     Hablar sobre el tema no es nada sencillo, debido a la complejidad y dimensión del valor Solidaridad. Sin embargo, a lo largo del devenir de la humanidad filósofos, psicólogos, educadores, y otros intelectuales, han dado a conocer su punto de vista sobre tan importante asunto y respecto a los efectos que la práctica del valor en referencia tiene en las sociedades, en sus pobladores. Pero aún no se ha dicho la última palabra y en el tiempo por venir se continuará hablando sobre tal tópico, como también de los métodos, técnicas y procedimientos a ser usados para la formación de valores. Y en esto de formar para la Solidaridad, amen de otros valores, la familia, la escuela y otras instituciones, la adecuada utilización de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), las experiencias vividas por cada persona en su relación con los demás y con otros factores que conforman el entorno donde desenvuelve su diario vivir, juegan un trascendente papel en el proceso formativo respectivo.

    A lo largo de la historia de la humanidad. Numerosos personajes son ejemplos de solidaridad. De ellos, Jesucristo es el más prominente; Mohandas Karamchand Gandhi, la Madre Teresa de Calcuta, Nelson Mandela, entre otros, son también representantes extraordinarios de la puesta en práctica de tal valor. Ellos constituyen modelos a seguir, pues sin esperar nada a cambio, dedicaron gran parte de su existencia al bien común, por tener conciencia de que al hacerlo la calidad de vida de las personas mejora y – sin duda – esto repercute positivamente en la sociedad, favoreciendo el desarrollo y progreso de los pueblos, de las naciones. Cuando hay solidaridad prevalece el bienestar colectivo por sobre el individual, haciendo a los actores sociales, a los ciudadanos, más sensibles a las necesidades de los demás, procurando la puesta en marcha de acciones para superar las mismas y así lograr el disfrute de una sana convivencia, de bienestar en el sentido amplio de la palabra.

     Aludiendo a la solidaridad, el Físico Alemán y Premio Nobel, Albert Einstein, afirmaba:

¡Situación extraordinaria la de los mortales! Cada uno está aquí para una breve permanencia; no sabe para qué, aún cuando a veces cree que lo presiente. Pero desde el punto de vista de la vida cotidiana, sin ir más lejos, existimos para nuestros semejantes humanos; primeramente, para aquellos de cuya sonrisa y bienestar depende nuestra felicidad, y después para todos aquellos que nos son personalmente desconocidos con cuyo destino estamos unidos por el lazo de la simpatía. Un centenar de veces al día me recuerdo a mí mismo que mi vida interior y exterior depende de las fatigas de otros hombres vivos o que ya murieron, y que debo esforzarme a dar en la misma medida que he recibido y sigo recibiendo. (citado en Docencia y Valores, 1998, pp. 47 – 48).

    En nuestra realidad actual es frecuente escuchar y leer aseveraciones como las siguientes: estamos confrontando una grave crisis de valores, los valores se han perdido, se ha producido una inversión en la escala de valores, hay una promoción de antivalores, de contravalores. Tales aseveraciones dan cuenta de la preocupación existente en el hoy, la cual se proyecta hacia el futuro, y es indicativa de la importancia que los valores tienen en el existir de cada quien, de los grupos sociales, de la sociedad, de la humanidad. Ellos poseen la particularidad de orientar la conducta, el comportamiento de unos y otros hacia el logro del BIEN COMÚN. En este contexto, sin duda, la SOLIDARIDAD es un valor trascendente, universal, que junto a otros contribuye a la construcción de sociedades prósperas, sustentables y sostenibles.

BIBLIOGRAFÍA

Gamargo L., Carmen y Rojas R., Jorge (1998). Docencia y valores. Caracas: Fondo Editorial de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL).

Organización Mundial de la Salud (OMS), (2020). Temas de salud. Covid-19. [Página web en línea]. Disponible: http://www.who.int/topics/covid-19/es/. [Consulta: 2020, abril 13]

Origen etimológico de la palabra solidaridad [Página web en línea]. Disponible: http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:p4uL5oTtuIAJ:etimologias.dechile.net/%3Fsolidaridad+&cd=2&ct=clnk&gl=ve [Consulta: 2020, abril 14]

Real Academia de la Lengua (1992). Diccionario de la lengua española. España: Madrid.

Reina – Valera (2009) La santa biblia. USA, Lake city, Utah: Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Mérida, 2020

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ESCUELA Y CIUDADANÍA

Alejo Sayago Méndez

Profesor universitario, Tutor de trabajos de grado, Ex Jefe del Departamento de

Investigación, Postgrado  y  Producción del  IUP “Santiago Mariño”

alesay11@gmail.com

Introducción

La escuela, mi escuela, nuestra escuela, la buena escuela, la mala escuela. No creo que exista alguien que no guarde un recuerdo o imagen de lo que representa: aulas, maestros, recreo, compañeros de jerga, cuadernos, lápices, colores, tareas, etc. Aunque existe una amplia concepción de tan compleja entidad, lo primero que recordamos cuando se hace referencia a la misma es ese lugar donde pasamos buena parte de nuestra vida; un centro de enseñanza donde de manera formal recibimos educación. Pero también se denomina escuela a todo aquello que brinde buena o mala enseñanza. Así la familia es la primera escuela del ser humano, pero también lo son el conjunto de personas que comparten una disciplina; los centros de entrenamiento para el desarrollo de actividades artísticas, culturales, deportivas; los centros de entrenamiento de animales domésticos; la organización de los saberes para la formación de profesionales universitarios, etc. Desde la pedagogía, la escuela es la institución de tipo formal, pública o privada, donde se imparte cualquier género de educación; su función es educar, cuestión que se concreta cuando el escolar logra las metas pre-establecidas por el sistema, caso contrario se habla de fracaso escolar.

Es muy frecuente atribuir el fracaso escolar a problemas personales del aprendiz, como su indolencia,  la carencia de metas y motivaciones o  el desinterés familiar, pero no a causas mucho más profundas, asociadas a un sistema social basado en la selección, la competencia y la desigualdad. La escuela actual está siendo severamente cuestionada por los males que padece: falta de adaptación a los grandes cambios de nuestra sociedad, sometimiento a los designios de esta, ser instrumento de dominación cultural y manipulación ideológica de las personas, por sus viejos esquemas de transmitir conocimientos, y por transmitir valores que no encuentran eco en la misma. Sin embargo, “Todo lo malo que se dice de la escuela nos oculta el número de niños que ha salvado de las taras, los prejuicios, la altivez, la ignorancia, la estupidez, la codicia, la inmovilidad o el fatalismo de  de las familias” (Pennac, 2008; I-5). ¿Es la escuela el espacio adecuado para el desarrollo de la ciudadanía?

¿Para qué sirve la Escuela? ¿Con qué fin fue creada?

La escuela es una de las instituciones de las sociedades modernas creada para llevar a cabo los procesos de enseñanza-aprendizaje de sus ciudadanos. Basa su existencia en la necesidad de ofrecer, de manera continua, experiencias educativas que a juicio de la sociedad le aseguren su supervivencia. Y aunque su función educativa la comparte con otras instituciones sociales como la familia o la iglesia,  es en ella, por razones estructurales de aquella, donde se deposita cada vez más la responsabilidad de socializar a los individuos, proporcionándole el suficiente bagaje de conocimientos y valores que asegure una integración correcta en la sociedad. Al respecto Sabater (1997)  expresa: “La sociedad prepara a sus miembros del modo que le parece más conveniente para su conservación, no para su destrucción… el grupo impone el aprendizaje como un mecanismo adaptador a los requerimientos de la colectividad” (p. 81)

Hasta el presente, no parece haber existido una mejor alternativa a la escuela para transmitir conocimientos y aún, con el avasallante desarrollo tecnológico de los medios audiovisuales, de las tecnologías de la información y la comunicación, y la proliferación  de  modalidades de educación a distancia, ofreciendo opciones de educación fuera de la escuela que amenazan la institucionalidad escolar,   no se perciben alternativas viables que la sustituyan como institución fundamental de la sociedad, debido  a que esos avances  no enseñan valores, ni habilidades motoras, ni favorecen la interacción con los demás. En  la década de los setenta, algunos autores, entre ellos Illich (1995) y teóricos de la sociedad desescolarizada, promueven enfoques y metodologías de enseñanza diferentes a las tradicionales, argumentando que los aprendizajes son más útiles prescindiendo de la institucionalidad escolar; donde el desarrollo humano es percibido como una meta que se puede alcanzar  mediante el fomento de la autonomía, la reflexión, la crítica, y la creatividad, a través de los principios de educación anti-institucional y de auto aprendizaje fuera de las aulas y sin aulas.

¿Desescolarización de la Sociedad o Cambios en las Estructuras de la Escuela?

La desescolarización plantea algunas interrogantes que ponen en duda su capacidad para plasmarse en la práctica ¿Cómo se transmite la cultura? ¿Es posible la socialización sin escuela? ¿Cómo ejercer control de la sociedad para evitar la explotación del niño y el adolescente? ¿Quién decide por  los niños sobre qué aprender? ¿Cómo resolver las carencias físicas, mentales y materiales de sectores de la sociedad menos favorecidos para su aprendizaje? ¿Se confunde educación con enseñanza, por consiguiente educación formal con informal? Muchas otras interrogantes  nos deja esta propuesta educativa, por ejemplo: cómo entender la autonomía en relación a los niños debido a que  ellos no tienen la experiencia necesaria para valorarla, para tomar decisiones, especialmente en lo referente al desarrollo de habilidades sociales, cognitivas, lingüísticas y otras, indispensables para su constitución como seres humanos. De modo que el currículo escolar es un esfuerzo necesario, intencionado y supervisado para dotar a los niños de herramientas intelectuales y patrones de pensamiento que, de otra manera, tomarían mucho tiempo, o simplemente no desarrollarían. En este sentido, existen habilidades consideradas críticas para el desarrollo y el empoderamiento de la sociedad, las cuales no creemos que pueden ser aprendidas de manera autónoma y espontánea.

Frente a las posturas radicales de la desescolarización de la sociedad, producto del devenir de la educación como instrumento ideologizante de la sociedad opresora, existen posturas críticas hacia la escuela, que propugnan no la eliminación sino el cambio de sus estructuras. Freire (2003) fundamenta su proyecto educativo basado en la praxis, con el propósito de crear humanización, de liberar al hombre de todo aquello que le impide ser persona mediante la transformación del ser humano en base a su sentido crítico. Freire  es consciente de que la sociedad actual posee una dinámica que conduce a la dominación de las conciencias, lo que se traduce en una pedagogía que responde a los intereses de las clases dominantes. Plantea que al educar a los individuos como entes críticos del mundo y del sistema social que los rodea, no solo lograran liberarse, sino llegar a ser capaces de proponer nuevas, mejores y más justas formas de plantearse la vida y en consecuencia transformar la sociedad. Chomsky (2001), por su parte, no anula la escuela como espacio para potenciar la educación, pero fundamenta su transformación, ya que históricamente tiene un papel institucional como medio de control y coerción. El espacio escolar debe transformarse en un foco de desarrollo democrático y no en un productor de la estructura de clases, potenciando la libertad de opinión en busca de verdades y soluciones a los problemas que son verdaderamente importantes.

Desde estas perspectivas, los autores citados no abogan por la eliminación de la escuela, sino que confirman su necesidad como base fundamental de la sociedad, pero propugnan su cambio; cambiar el sentido de la finalidad en la que ha devenido en la modernidad y postmodernidad como medio de dominación. La educación ha de  proporcionar herramientas críticas a sus estudiantes, y tener como objetivo formar una sociedad más democrática, en lugar de adoctrinar a los jóvenes con mitos sobre la democracia. La escuela debería ser el lugar para comprometerlos en la práctica de la democracia (Chomsky, ob. cit.).

Educación Ciudadana

Educar personas autónomas, con  criterio y pensamiento propio,  abiertas al debate, a las posturas diversas, a reconocer errores, capaces de reconocer al otro y cooperar de forma inteligente, permite construir una cultura cívica basada en la confianza y constituyen las bases posibles para crear juntos una sociedad capaz de valorar la participación política -cualquier acción de los ciudadanos dirigida a influir en el proceso político y en las decisiones y resultados emanados de él-  como un bien común con el cual crear valor social.

Bajo esta visión, la escuela debe motivar el compromiso del estudiantado, su capacidad de participar, de indagar, de generar diálogos, de manifestar su opinión, pero también de respetar la opinión ajena, de alteridad, de buscar acuerdos y argumentar sus posiciones. Implementar los planes de formación ciudadana exige un liderazgo educativo dispuesto a fortalecer estas experiencias, confiando en la comunidad escolar. Por ello la clave para alcanzar estos objetivos está en el director, como líder del proceso educativo en la escuela y de su equipo directivo. Si el equipo directivo se compromete, los docentes y estudiantes van a poder desplegar sus capacidades en esta materia; lógica que motiva la elaboración de programas de ciudadanía a nivel escolar y su puesta en ejecución, pues la práctica democrática y la democracia se construyen ejerciéndolas. Por eso los aprendizajes de la vida ciudadana se deben realizar al interior de las prácticas pedagógicas cotidianas y, la escuela como espacio de convivencia social se constituye en oportunidad ideal para el ejercicio permanente de la ciudadanía a través de la práctica de valores, de capacidades y habilidades que permiten a los alumnos interactuar entre ellos, con sus autoridades y con los miembros de la sociedad.

 

Reflexiones inconclusas

Considerando que los seres humanos no nacen ciudadanos, y que ciudadanía y democracia son innovaciones de la sociedad que se requieren para que las personas  puedan ejercer su condición como tales,  la labor de la escuela, aún  con sus males, es fundamental en tanto contexto para el desarrollo de conocimientos, competencias y habilidades, como para adquirir diferentes formas de ver, comprender y experimentar la convivencia social, y participar de diversos modos en los asuntos públicos y colectivos y, aunque  no es  el único espacio de socialización en valores morales y democráticos, sigue siendo una institución trascendental.

El ser humano como sujeto social aprende su saber ciudadano en las interacciones con el otro, y cuanto aprende es objeto de enseñanza, en tanto viva en sociedad. Por consiguiente, la educación posibilita formarlo como persona y como ciudadano, y la escuela favorece las posibilidades de construir conocimientos, desarrollar competencias y habilidades en la práctica de normas y de relaciones de convivencia ciudadana con base en el ejercicio y respeto de derechos individuales y sociales, aporte de ideas para la solución de conflictos sociales y el empoderamiento de actitudes solidarias en busca del bien común.

Por tanto, la formación ciudadana en la escuela no puede sustentare en una visión bancaria que, en términos freiresanos, consiste en que el saber y el conocimiento son una donación de aquellos que se juzgan sabios a los juzgados ignorantes; formar en ciudadanía es mucho más que eso, es dotar al individuo de instrumentos para la realización plena de su identidad individual y social; es potenciar una participación motivada y competente por el bien común; en consecuencia, es insoslayable comprender que el ejercicio de la ciudadanía requiere la afectación en el sujeto de un conjunto de conocimientos, competencias y habilidades que se adquieren y se fortalecen en la acción,  el diálogo  y la transversalización de saberes que se han de desplegar en la escuela.

Referencias

Chomsky, N. (2001), La (Des) Educación, trad. Gonzalo G. Djembé, Crítica, Barcelona.

Freire, P.  (2003). Pedagogía del Oprimido. Siglo XXI Editores. Argentina.

Illich, I.: (1985). La sociedad desescolarizada, México,

Pennac, D. (2008). Mal de escuela. Libro en línea. Disponible: http://www. 4shared.com/get/wPXvooMF/Mal_de_escuela_-_Pennac_Daniel.html

Savater, F. (1997).  El valor de educar. Ariel. Barcelona, España.

 

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EN LA CIUDAD QUE EDUCA EN PATRIMONIO CULTURAL

Magaly Altuve Zambrano

                                                                                                        Fundaupel

      A fines de 2018, se publicó en el blog de Fundaupel, Programa Ciudadanía, el artículo “La problemática existente entre patrimonio cultural, ciudadanía, educación y la radio”. En este se expusieron un conjunto de planteamientos formulados por Irene Puigvert Carbonell (2017), en la Sección I de su tesis doctoral titulada: LA RADIO DINAMIZADORA EN LA CIUDAD QUE EDUCA EN PATRIMONIO CULTURAL: UN UNIVERSO SIMBÓLICO EMOCIONAL PARA EL DESARROLLO HUMANO, presentada en la Universidad Latinoamericana y del Caribe (ULAC).

      En dicho artículo se refiere que la autora devela diversas situaciones problemas relacionadas con la temática abordada en su tesis, las cuales determinan la necesidad de resignificar la educación en patrimonio cultural y dentro de tal enfoque utilizar la radio como un medio para educar a los ciudadanos en este campo del saber y fortalecer la ciudadanía. Así mismo se ofreció que en un próximo abordaje del tema se  aludiría a tres aspectos básicos: elementos del desarrollo humano que sustentan el universo simbólico emocional de quien se educa en patrimonio cultural, la concepción de educación en patrimonio cultural y sus elementos constitutivos, y el rol de la radio en la ciudad educadora en cuanto a la educación en patrimonio cultural.

      Dando cumplimiento al ofrecimiento formulado, seguidamente se exponen ideas conclusivas formuladas por Puigvert sobre tales aspectos.

Elementos del Desarrollo Humano y Universo Simbólico Emocional de Quien se Educa en Patrimonio Cultural

      Según la autora en referencia, entre los elementos del desarrollo humano que sustentan el universo simbólico emocional de quien es educado en patrimonio cultural, se encuentran: (a) la personalidad de los ciudadanos, (b) las relaciones humanas, (c) el humanismo.

     Respecto a la personalidad de los ciudadanos, manifiesta que quienes gozan de crecimiento personal, autoestima, y asertividad de sí mismo, fácilmente adoptan actitudes positivas favorecedoras de la educación en patrimonio cultural pues son capaces de valorar este en su justa dimensión. Por tanto, el acto de valorar tiene implicaciones emocionales y, en su opinión, la identidad nacional se desarrolla a partir de la identidad personal. De ahí la necesidad de desarrollar una personalidad consciente, adecuadamente estructurada, con el objeto de experimentar un buen comportamiento; de lo contrario no es posible la existencia de buenas relaciones entre las personas y entre estas y el entorno cultural.

       Las relaciones humanas se constituyen así en otro elemento (el segundo) del desarrollo humano posibilitador del universo simbólico emocional de quien es educado en patrimonio cultural, permitiendo la manifestación de la personalidad de cada ser humano en su interacción social como ciudadanos. Las personas, afirma, tratan de adaptarse a las demás personas, para que se cumpla la comprensión intercultural, adaptación, estímulo,con el propósito de aprender y atender sus intereses y aspiraciones (p. 208). Tales acciones y actitudes ponen de manifiesto su compromiso con el contexto cultural, defendiendo la memoria heredada desde el sentimiento, hecho que se ve reforzado a través de los contactos entre las personas y grupos sociales de diversidad cultural, pero con identidad personal y cultural (ibid).

El humanismo viene a ser el tercer elemento, y ella lo asocia con la capacidad que tiene el ser humano para servir con nobleza a quienes lo rodean. Este comportamiento posibilita –también–  las relaciones humanas exitosas, cuyo cultivo implica conocimiento del ser y la comprensión de su comportamiento. La práctica del humanismo es considerada como el camino certero que permite la satisfacción personal (…) y su sentir patrimonial. (ibid).

     La autora concluye su disertación conceptualizando el desarrollo humano desde el punto de vista de ciencia social y desde una perspectiva educacional. En tanto ciencia, contribuye al logro de aprendizajes referentes a la convivencia social, tomando en cuenta la idiosincrasia de los grupos, base esencial para establecer adecuadas relaciones interpersonales en las cuales se da la aceptación del otro con sus procesos interculturales, creencias ancestrales y concepciones mágico – religiosas, aspectos que están determinados por el medio ambiente. Desde la perspectiva educacional, considerando el factor patrimonio cultural, el desarrollo humano es un principio teórico innovador pues se relaciona con la identidad cultural en tanto elemento potenciador de la autoestima, refuerzo de la identidad colectiva patrimonial, posibilitador de la solución de los desafíos hacia la transformación personal y colectiva a través de la educación integral interdisciplinar .(p. 210).

 

Concepción de la Educación en Patrimonio Cultural

Elemento Constitutivos

      Respecto a  este alcance, Puigvert manifiesta que relacionar el patrimonio cultural con la educación es un hecho necesario y de gran actualidad, porque existe una revalorización de los bienes patrimoniales y un agresivo planteamiento sobre la conveniencia de darles  un uso adecuado como recurso educativo. Además, el acercar cada vez más a los ciudadanos a los bienes patrimoniales se explica, entre otras razones, porque nadie valora y quiere lo que no conoce. Por tanto, al producirse el necesario acercamiento ellos pueden internalizar tales bienes, valorarlos, y desarrollar un estado de conciencia que  permite sentirse identificado y orgulloso de ser partícipe de una cultura que ha gestado baluartes significativos reconocidos mundialmente, es así como el ciudadano se empodera de la participación de educarse y educar en patrimonio cultural. (ibid).

     El acercamiento directo del ciudadano a los bienes patrimoniales de su localidad, región, y país, contribuye a gestar su identidad, estableciéndose una vinculación emocional que lo lleva a desear que cada bien existente sea conocido por sus congéneres, así como conservado, protegido, valorado y bien utilizado. Y es que los seres humanos tienen la necesidad de armonizarse emocionalmente con su ascendencia, la cual está simbolizada con los iconos culturales que los representan como ciudadanos de una nación.(p.211).

      La preocupación por los bienes patrimoniales involucra a todo el estamento social. Y siendo la educación un sector fundamental de la sociedad, juega un papel transcendente en relación a estos; por tanto interesa a los beneficiarios directos, así como a quienes contribuyen a hacerla efectiva: los docentes, principalmente, y otros profesionales que centran su interés en los temas culturales. Bajo tal premisa, uno de los propósitos básicos de la educación desde la mirada del patrimonio cultural es crear conciencia del conjunto de valores, tradiciones, símbolos, modos de vida, elementos mágico – religiosos, monumentos históricos, creación intelectual (patrimonio inmaterial), (…) que conduzca a identificar y sentir la nación (ibid). El resultado de los procesos formativos conducentes al logro de dicho propósito ha de ser un ciudadano consciente de sí mismo y de su heredad cultural, dimensiones que conforman un todo integrado en su personalidad.

      En materia de educación en patrimonio cultural otros aspectos destacados por la autora de la tesis doctoral, cuyo contenido es centro de atención en este artículo, son los referentes: (a) el suministro de información permanente sobre las actividades culturales que se aspiran realizar y se ejecutan en la localidad, región, y ciudad donde los ciudadanos viven, (b) la necesidad de activar los medios interactivos (redes sociales, radio, televisión, y otros equivalentes), especialmente para que los jóvenes se interesen en específicos temas de patrimonio cultural, logrando aprendizajes de manera independiente, autónoma, y lo más lúdicamente posible.

     La disertación sobre la concepción de la educación en patrimonio cultural y los elementos que la conforman,  la concluye haciendo énfasis en que educar en patrimonio cultural implica, a su vez, educar para el desarrollo humano.Por tanto, educar para la ciudadanía y para la creación de una conciencia comunitaria orientada a la valoración de dicho patrimonio y a su conservación.

 

La Radio en la Ciudad Educadora y la Educación en

Patrimonio Cultural

     Con la investigación que sirvió de base para la elaboración de su tesis doctoral, la autora se propuso explicar el alcance de la radio como contexto no formal en la ciudad educadora para sensibilizar, promover y difundir la educación en patrimonio cultural. A los fines consiguientes, la metodología aplicada le permitió concluir que este medio de comunicación social juega un papel de suma importancia en la formación de los ciudadanos, debido a lo siguiente:

  1. Es un medio no formal de proceso a – didáctico de gran alcance, pues tiene la particularidad de llegar a todo público y de hacer que el mensaje intencionalmente estructurado impacte a la audiencia para lograr el propósito perseguido. Por ello, afirma, los contenidos a difundir han de ser interdisciplinarios, aportando así una visión integral favorecedora de un proceso formativo de similar naturaleza.
  2. Posee un potencial difusivo, contribuyendo a que las personas tomen decisiones por sí mismas, se empoderen como ciudadanos participativos, aprendan por cuenta propia (proceso a – didáctico), logrando que incrementen su saber, lo utilicen para realizar mejor su trabajo, puedan participar responsablemente en la vida de su localidad, de su región, y de su país, muy especialmente en la divulgación del patrimonio para perpetuarlo en la memoria social y emocional de las generaciones. Vista así la radio, no es solo un medio de comunicación, sino un espacio que ayuda a construir identidades culturales a partir de planteamientos críticos, producto de la participación de los ciudadanos.
  3. Constituye un instrumento que, de manera rápida y económica, mejora los procesos de formación de las personas mediante, por ejemplo, la generación de espacios de expresión y retroalimentación social, el reforzamiento de valores éticos de la sociedad, la divulgación de los baluartes culturales propios del país y de otros países, la articulación de un trabajo de red con otros medios, el apoyo a programas de tipo colectivo como las campañas sociales auspiciadas por instituciones gubernamentales y no gubernamentales, el impulso a programas de formación y de actualización profesional. Por eso afirma (p.213) que la radio actúa como mecanismo instruccional curricular, por cuanto los contenidos de los cursos pueden ser transmitidos (previamente grabados o en directo) convirtiéndose en un puente entre la labor educativa escolarizada y el refuerzo de la misma, apoyando la educación a distancia y la educación en patrimonio cultural.
  4. Incentiva en las personas la creatividad en materia de cultura patrimonial. Sin duda, la radio es un estímulo a la imaginación; ella mediante una labor constante está en capacidad de generar diversas ofertas culturales, diferentes a las planteadas por los modelos convencionales. De ahí que afirme –de manera contundente– que el principal reto de la radio educativa en el mundo de hoy es el regenerarse así misma mediante el aprovechamiento de sus propios recursos expresivos y apostando decididamente a la creatividad (p. 214).
  5. Estímula la libertad de expresión, pues quienes son receptores habitualmente pueden ser emisores. A los fines consiguientes, hoy día las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación posibilitan tal circunstancia, de manera que hay necesidad de asociar la radio con estas para facilitar la interactividad del público oyente con el locutor y productor del programa educativo. La unidireccionalidad pasa a convertirse en bidireccionalidad, lográndose una acción educadora más efectiva y afectiva.

     Sobre la base de ideas como las expuestas, y de otras que por razones de espacio no se explicitan,  concluye afirmando que el medio radiofónico está llamado a redimensionar su perfil educativo dinamizado por la actividad interdisciplinar, entre los paradigmas para el desarrollo humano que conforme el universo simbólico emocional en el oyente y en el emisor del mensaje educativo en patrimonio cultural propiciando una comunicación eficaz. (p. 215).

     A objeto de poner en práctica la teoría develada en la investigación en cuanto a la resignificación de la radio en una ciudad educadora para el patrimonio cultural desde el universo simbólico emocional para el desarrollo humano, Puigvert formula un conjunto de recomendaciones orientadas básicamente en cuatro direcciones: divulgación de los resultados de la investigación, formación profesional, producción radiofónica de carácter educativo, ejecución de investigaciones.

     En cuanto a la primera dirección: sugiere la divulgación de los resultados de la investigación adelantada por ella en las instituciones universitarias que tienen bajo sí la responsabilidad de formar profesionales en comunicación social, ya que a través de su desempeño pueden lograr la transformación de la radiodifusión bajo un perfil educativo, contribuyendo así al desarrollo cultural de la nación venezolana.

     Sobre la formación profesional, sugiere que las universidades en tanto  entes institucionales responsables del proceso formativo de quienes van a desempeñar un papel fundamental en la formación de ciudadanos en lo ateniente a patrimonio cultural (docentes, promotores culturales, entre otros), han de considerar en dicho proceso cuestiones como las siguientes:

  • Políticas educativas comunicacionales del Estado Venezolano y demandas de los distintos sectores de la sociedad en cuanto a patrimonio cultural, utilización del medio radiofónico, y formación de profesionales en la respectiva área de conocimiento.
  • Planificación del específico curriculum formativo, sobre las base de aspectos como:
  • Claridad de pensamiento en relación a que la radiodifusión por estar inmensa en una ciudad que educa, cumple por excelencia, un rol educativo.
  • Carácter interdisciplinario.
  • Incorporación de una red de estrategias a poner en practica durante la ejecución del curriculum, que posibilite: (a) la cohesión de las diferentes disciplinas proveedoras de saberes con la gestión de los productores y locutores de un programa educativo orientado a formar en patrimonio cultural al ciudadano; bajo esta perspectiva, la teoría y práctica han de estar estrechamente interrelacionadas, (b) la incorporación de la investigación, especialmente la etnográfica, como herramienta para obtener información de diferentes situaciones – problemas sobre la radio dinamizadora en la ciudad que educa en patrimonio cultural, desde el universo simbólico emocional para el desarrollo humano, (c) incluir en los manuales de investigación, la radio como variable a ser objeto de estudio mediante la utilización de técnicas heurísticas para proveerse de los hallazgos, (d) el refuerzo en un contexto no formal de los saberes sistematizados en el curriculum. Dentro de esta línea de pensamiento plantea la inclusión en los pensum de estudios de una asignatura electiva referente a la educación a – didáctica (no formal) inherente al medio de comunicación radial.

      Respecto a la producción radiofónica, las recomendaciones se centran en: (a) afianzamiento de las políticas para la producción independiente que geste la radio educativa, para que el proceso de financiamiento por medidas publicitarias no ahogue la iniciativa radiofónica educativa de calidad respaldada en las normas de la UNESCO y en las bases legales venezolanas, (b) ejercicio radiofónico a cargo de profesionales formados en  desarrollo del universo simbólico emocional, a objeto de garantizar que el contenido educativo en patrimonio cultural sea diseñado tomando en cuenta la interpretación del sentir del oyente que espera ser impactado, contagiado emocionalmente, y así generar aprendizajes significativos en materia patrimonial, (c) el ejercicio del trabajo radiofónico educativo para el patrimonio cultural ha de estar centrado en principios teóricos como: contagio emocional en la producción de contenido educativo, con el propósito de lograr la valoración de la herencia cultural; motivación por concesión y por afiliación, para desarrollar la conciencia y la identidad patrimonial en la radio educativa; cerebro social, a fin de alcanzar el desarrollo de la identidad cultural mediante producciones radiofónicas de calidad en las cuales se dé la participación ciudadana, se ponga de manifiesto el compromiso social en relación a la concienciación para la protección y difusión del patrimonio cultural; así como también respecto a la diversidad cultural; buen trabajo interdisciplinar, desde la formación permanente de generación en generación en un contexto educativo no formal (a – didáctico).

      Para concluir, a nuestros amigos lectores los invitamos a profundizar y ampliar sus conocimientos sobre la temática abordada en este artículo y, sinceramente, procurar la lectura de la Tesis Doctoral elaborada por la Dra. Irene Puigvert Carbonell, cuyo contenido aporta mucho al campo del saber centro de atención en esta oportunidad. Ahora, reflexióna sobre tu sentir respecto a la situación del patrimonio cultural venezolano, el papel del Estado y tu propio rol en la defensa, protección y conservación del mismo, y como es tu universo simbólico emocional en relación a este.

Caracas, septiembre, 2019

Referencias

Puigvert Carbonell, Irene (2017). La radio dinamizadora en la ciudad que educa en      patrimonio cultural: un universo simbólico emocional para el desarrollo humano. Tesis doctoral presentada para optar al grado de Doctor en patrimonio Cultural, Universidad Latinoamericana del Caribe (ULAC). Caracas, Venezuela.

 

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EL RACISMO Y LA XENOFOBIA

EL RACISMO Y LA XENOFOBIA

COMO FORMAS DE DISCRIMINACIÓN SOCIAL

LA PERCEPCIÓN DE UN JOVEN VENEZOLANO

María Fernández de Caraballo

FUNDAUPEL

     Como se ha referido en artículos expuestos en el Blog de FUNDAPEL, específicamente en la sección correspondiente al Programa Ciudadanía, uno de los propósitos de este último es aportar ideas para crear conciencia ciudadana entre nuestra gente, de manera que su desenvolvimiento esté cónsono con específicos valores y lineamientos normativos determinados por sí misma, por la sociedad y, en general, por el entorno donde habita.

     Tal orientación determina que una de las áreas temáticas abordadas es la relacionada con los derechos humanos y garantías, bajo dos dimensiones: la teórica, en términos de las ideas existentes en la literatura actual, así como en el pensar y sentir de las personas, especialmente de estudiantes que se están formando en instituciones educativas del país., quienes visitan el blog, organizan actividades para debatir sobre lo expuesto en los artículos y, bajo la orientación del correspondiente personal académico, llegan a conclusiones que reflejan sus posturas y orientan su devenir ciudadano. Tal rasgo denota la motivación generada por la teoría expuesta en los beneficiarios de esta haciendo realidad el principio de participación.

       En este contexto hay estudiantes que hacen del conocimiento de FUNDAUPEL, Programa Ciudadanía, sus producciones intelectuales resultantes de su quehacer académico. Tal es el caso del bachiller Alex Gil Peña, quien en 20/8 cursa estudios en la Unidad Educativa “Doña Menca de Leoni” estado Anzoátegui, y nos remitió su trabajo La Lucha Contra el racismo y la Xenofobia, Mejorando la Percepción Social sobre los Inmigrantes y Fomentando una Educación Intercultural.

        Varios son los planteamientos formulados por Gil Peña en su trabajo. Uno de estos es el siguiente: durante años han escuchado comentarios, en diversos espacios académicos y cotidianos, de la inexistencia en Venezuela del racismo y la xenofobia pues entre quienes habitan el país existe igualdad y las relaciones sociales se caracterizan por la armonía y la solidaridad. Sin embargo, estima, a riesgo de ser considerado como manzana de la discordia que tal problema social es una constante y siempre ha estado presente, aunque de manera solapada. En su opinión hay numerosas evidencias de tal hecho, pudiendo visualizarse hoy día en las redes sociales donde -por ejemplo- es posible leer comentarios que dejan entrever comportamientos racistas, así como xenofóbicos, cuya manifestación directa es la discriminación de un grupo sobre otro grupo fundada en la raza, en la hostilidad hacia los extranjeros, y en otros factores, todo lo cual tiene propósito articular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio e condiciones de igualdad, de los derechos y libertades de toda persona (Constitución de la República Bolivariana de Venezuela,2000, artículo 21, numeral 1).

      A lo largo de su trabajo el autor expone claros ejemplos de discriminación social prevalecientes en la historia de nuestro planeta, como es lo acontecido en el siglo XX en la Alemania nazi con la persecución a los judíos, en Estados Unidos y en África del Sur con las manifestaciones de rechazo de grupos que se consideran pertenecientes a la raza blanca hacia personas de raza negra, o en varios países con las acciones homofóbicas de que son objetos grupos sociales cuya identidad de género las diferencia de otros grupos desde el punto de vista de su inclinación sexual.

      Dentro de este marco de discriminación entre grupos existentes en la sociedad preocupa a Gil Peña la discriminación política que, en el caso de Venezuela alcanza actualmente límites preocupantes debido a rechazo de grupos afectos al gobierno hacia los de oposición y viceversa. Así mismo, los efectos de comportamientos racistas, xenofóbicos, homofóbicos y de otro tipo, todo signados por la discriminación, los cuales son portadores de graves problemas que afectan el devenir de la sociedad, de los países y, en general, de la humanidad.

     Por efectos de tipos de discriminación como los mencionados, afirma el autor, el progreso de millones de personas en todo el mundo se ve impedido, se destruyen vidas y comunidades, se propician guerras y genocidios, se priva a las personas del beneficio de sus derechos, la esclavitud en sus diversas formas se pone de manifiesto.

      Consultando a algunos habitantes (30) del casco central de Lechería, municipio Urbaneja del estado Anzoátegui, Gil Peña pudo constatar -entre otros aspectos- lo siguiente: (a) un 17 por ciento de ellos no sabe que es la xenofobia, (b) el 100 por ciento considera la existencia de actos racistas en la sociedad actual; (c) la mitad de los consultados opina que hay personas que se sienten discriminadas por su color de piel, y alguna vez han mostrado su rechazo a congéneres de otra raza, cultura, religión e ideología.

       Algunas de las conclusiones a que llega sobre el racismo y la xenofobia, temática al cual hemos dedicado nuestra atención en esta oportunidad, aluden a que en pleno siglo XXI los problemas en este orden subsisten y ambas situaciones son condenables en todas sus formas y en cualquier parte donde ocurran. Por consiguiente, recomienda la unión de esfuerzos por parte de los países para superar los mismos, tarea en su opinión, nada fácil, pero no imposible, siendo la educación uno de los factores sociales más importantes a propósito de alcanzar logros efectivos y permanentes, donde todos los sectores que directa e indirectamente tiene bajo sí la misma responsabilidad del proceso formativo de los ciudadanos, asuman el correspondiente rol en relación a esta materia.

      FUNDAUPEL agradece a Alex Gil Peña el aporte en área temática tan importante y lo invita a seguir profundizando sobre la misma. Además, muestra su complacencia porque nuestros jóvenes se interesen sobre asuntos de tal naturaleza que prevalecen en la actualidad pese al avance de la ciencia, la tecnología y las humanidades.

Amigo lector: reflexione sobre el racismo y la xenofobia y: (a) genere su propia conceptualización sobre ambos términos, (b) recuerde por lo menos cuatro vivencias que en su contexto haya percibido como de carácter racista y/o xenofóbico, (c) conforme su pensar sobre la discriminación política presente en Venezuela en cuanto a cómo se manifiesta y cuáles son sus efectos en el ejercicio de la democracia, (d) formule sugerencias de cómo la educación puede contribuir a la erradicación de tales males sociales. Comparta ideas con los demás visitantes de nuestro blog.

 

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